Actualización en la web "La Estación de Tren"

Se ha actualizado la web
La Estación de Tren. Se han añadido 270 fotos y 28 estaciones. Por lo que la página ya tiene 1300 estaciones con 6301 fotos.
Con el comienzo del año, aprovecho a ponerme al día con una nueva actualización. Diversos temas personales me habían acumulado el trabajo y nunca tenía tiempo para llevar a cabo la actualización, pero ya está aquí, aprovechando estas fiestas, he conseguido ponerme al día. Muchas gracias a los colaboradores de la web y alabo su paciencia porque, aunque contesto a todos personalmente cuando me mandan fotos, la verdad que en este último periodo no tenía mucho tiempo o la contestación iba con bastante retraso, gracias de nuevo.
En esta actualización se han añadido fotos y estaciones en las provincias de Zaragoza, Asturias, Cantabria, Ávila, Toledo, Burgos, León, Palencia, Salamanca, Soria, Valladolid, Zamora, Tarragona, Madrid, Álava, A Coruña, Lugo, Ourense, Pontevedra y Navarra.
También se implanta un boletín de la web donde a todo el que quiera, se le comunicará vía email las novedades o cambios que se produzcan en la página. En principio de hará con los colaboradores directos y posteriormente se añadirán a todos los que los soliciten enviando un correo a
bi43398ARROBAtranvia.org.
El
blog, que era lo que más tiempo tenía para actualizarlo, ya que escribir y pensar se puede hacer en casi cualquier sitio, le estoy dando especial importancia ya que es un altavoz al mundo externo donde se puede fomentar todo tipo de pensamientos y relatos relacionados con los trenes, las estaciones y el mundo del ferrocarril en general, a parte de que lo use para comentar temas d actualidad, fotografía, Historia o cualquier cosa que vaya acorde con mis otras aficiones. El blog está abierto a todo el mundo que quiera
colaborar con temas ferroviarios con el objetivo de dar máxima audiencia y una imagen positiva al mundo de los trenes. Espero que lo utilicéis.
Etiquetas: estacion de tren, estaciones, ferrocarril, fotografia, renfe, trenes
Cada tren, cada viaje, cada viajero, una historia...

El día amaneció gris y melancólico lo cual era de agradecer tras largos días de intenso calor. Al llegar a la estación el tren ya estaba formado con su habitual composición de vagones 9300 junto con la japonesa de Grandes Líneas. Tras un casi imperceptible tirón iniciamos marcha a ritmo pausado como marcaba el día gris. Tras las obligatorias maniobras de enganche de ramas en Orense partimos raudos hacia Monforte de Lemos donde me esperaba la primera sorpresa del viaje. Aproximadamente sobre las 11:50 con más de 3 horas de retraso hacia su entrada el Estrella Galicia con la 252-063 en cabeza casi al mismo que terminaban nuestras maniobras de cambio de sentido en la marcha.
Llegar a Castilla es algo especial para mí. Cambiar los espacios verdes por colores castaños y de tierra dorada por el sol, los valles y colinas por la inmensidad de los campos y llanuras hace volar mi espíritu y sentirme libre como un pájaro que vuela hacia tierras más cálidas. Allí en la tierra donde la vista no tiene fin sale mi yo más íntimo y personal; quizás el que todos llevamos guardado en el fondo de nuestro corazón.
Llego a Palencia con 25 minutos de retraso aproximadamente debido a las limitaciones y a las obras en la línea León – Palencia más algunos que ya traíamos desde la salida de Monforte. Nada mas bajar del tren me encuentro a Manuel (Superman) que será mi compañero de fatigas y batallas tal como Sancho con Don Quijote durante muchos kilómetros de líneas durante días venideros. El bueno de Manuel que venía desde Bilbao vía Miranda en un Rex me puso al día de las novedades y tras identificarnos en circulación y tomar un breve refrigerio nos disponemos a disfrutar de las numerosas circulaciones que por allí circulan.
Ya a falta de pocos minutos para la llegada de nuestro Altaria procedente de Santander se produce el incidente de una señora que por causas aun sin esclarecer plenamente coloca su vehículo en plena vía dañando mismamente las agujas de la estación de Palencia lado Santander. Tras un tiempo de incertidumbre donde más de alguno realizaba sus propias conjeturas sobre lo ocurrido, por la megafonía avisan que los viajeros de dicho tren se pasen por las oficinas de Atención al Cliente. Entonces llegan los nervios, los enfados, las palabras subidas de tono y algún que otro gesto o comentario de mal gusto tanto por parte de los viajeros como por algún personal de RENFE. Como tras la tormenta llega la calma al final con 1:20 de retraso hace flamantemente su entrada el Altaria de Santander con la 269.406 en cabeza.
Es nuestro primer viaje en Altaria. A pesar de viajar de espaldas la sensación es buena y la rodadura del tren simplemente es estupenda solo notando algunas pequeñas perturbaciones causadas por una línea con una gran densidad de tráfico y poco mantenimiento. Los interiores son correctos y discretos los cuales crean una gran armonía en el viajero mientras se desliza entre el paisaje.
Nada más salir empezamos a volar por las llanuras castellanas para minimizar l
o máximo posible el retraso. Pasamos a marcha limitada por Venta de Baños y poco después llegábamos a la maravillosa estación de Valladolid – Campo Grande. Desde Valladolid a Medina del Campo literalmente no debimos bajar de los 160 km/h puesto que los campos y los árboles aparecían y desaparecían por arte de magia. Tardamos 17 minutos entre la capital castellana y Medina tiempo que me pareció muy bueno. Sin prisa pero sin pausa reanudamos la marcha con Ávila ya como próxima parada. Algunas limitaciones por obras pero entramos en Ávila casi con apenas 1 hora de retraso. Allí se encontraban Alfonso (ALF) y Hugo (Maq 251) magníficos guías y anfitriones como es costumbre en ellos.
A la mañana siguiente partimos dirección La Cañada donde se celebraba la KDD en un 447. El viaje desde Ávila a La Cañada es breve pero bonito puesto que cambia de los tonos castellanos y de las inmensas llanuras a la sierra y las curvas y contra curvas que nos ofrece la línea entre Ávila y Madrid.
El revisor del tren nos toma por graffiteros y en su fuero interno el bueno del hombre piensa que en La Cañada espera más gente para pintar la unidad, nada mas lejos de la realidad sin duda. Somos los primeros en llegar a La Cañada y aprovechamos para hacer una visita de reconocimiento del lugar tanto como para aprovisionarse de bebidas en una calurosa jornada como para obtener algunas buenas fotografías. Al rato empiezan a llegar diversos asistentes a la KDD algunos de ellos viejos conocidos y amigos con los cuales hacia tiempo que no coincidía y otros compañeros del portal y de afición que aun no tenía el gusto de conocer.
La jornada fue agradable por la compañía y buena por las numerosas y variadas circulaciones que por allí pasaron. Me encantan las KDD por que además de volver a estar con viejos amigos y conocer a gente nueva siempre es interesante escuchar y conocer diferentes puntos de vista así como otras realidades que acontecen en tierras de otras personas. Incluso tuvimos la anécdota del día con un extraño sujeto que había perdido el tren y maldecía a la madre del maquinista con un vocabulario digno de un tahúr de baja estopa o de un vulgar sicario de bajos fondos. A media tarde se empezaron a ir algunos de los asistentes como los amigos vascos (Jon, Inazio y Hodei) que aun les quedaba un largo camino a casa. Los que allí nos quedamos todavía tuvimos la oportunidad de ver a un majestuoso Francisco de Goya con sus 24 vagones camino de tierras galas. Tras dar por finalizada la KDD y despedirnos de los allí presentes al anochecer nuevamente y esta vez en un buque tomamos camino a Ávila.
Para los que somos habituales al menos con una visita anual de la estación abulense reencontrarse con la gastronomía y el ambiente que se respira en el bar de la estación es como el que se encuentra con un viejo compañero y ambos rememoran viejas historias y sensaciones pasadas. El sabor de la cocina tradicional acompañado de unas suculentas jarras de cerveza con gaseosa (claras) junto a la inmejorable compañía de nuestros habituales anfitriones Hugo y Alfonso hacen de la velada una continua poesía sin fin mientras al tiempo circulan trenes de lo mas variado en su tipo y condición.
Otra de mis citas habituales de todos los años tiene que ver con la línea Ávila – Madrid. Me encanta el serpenteo de la línea, lo agreste de los montes y el sabor típico de algunos pueblos que están situados en la línea tales como El Escorial, Santa Maria de la Alameda o Zarzalejo entre otros. Al llegar a Villalba de Guadarrama todo cambia nuevamente. Parece como si volviéramos a Castilla y el tren recupera su mejor marcha atravesando algunas de las estaciones del núcleo de cercanías de Madrid a buena marcha y sin detenerse. Pasamos raudos y veloces por Las Matas donde podemos divisar la fábrica y el deposito de TALGO. Apenas poco ambient
e en esta ocasión en comparación con anteriores visitas o vistas desde la línea. Una 353 y una 354 sin identificar juntitas y unidas por la desolación esperan ser convertidas en chatarra o que sean canibalizadas sea por quien fuere. Al paso por mi estación fetén en esta línea que no es otra que la de Pinar de las Rozas nos encontramos con el TALGO 350 en los actuales colores del GIF pero en el frontal con el nuevo logo verde de ADIF. Apenas me da tiempo a sacar la cámara y a tirar una foto testimonial para mi archivo fotográfico. En breves minutos hacemos entrada en Madrid – Chamartín en donde había un notable movimiento al llevar los expresos recién llegados a Fuencarral o bien los TALGO a su base en Las Matas.
Es curioso que tras algunas visitas a Madrid – Chamartín no tuviera ninguna foto en esa estación no sé bien por que pero como para todo existe una primera vez, se dio en este viaje. Nos encontrábamos cruzando por el subterráneo para llegar a los andenes de cercanías para dirigirnos a la estación de Atocha cuando hizo su entrada una 447 en nuevos colores de RENFE Operadora. Sin dudarlo saco mi digital, encuadro y foto para la buchaca.
La estación de Atocha Cercanías es sin duda muy diferente a las estaciones que había conocido hasta el momento. Nada más bajar de la unidad que me llevo desde Chamartín me viene a la memoria las imágenes del 11-M en dicho lugar las cuales espero que no se repitan más. De camino a la terminal de Puerta de Atocha firmo en el espacio virtual de las palabras para poner mi mensaje de condolencia con las victimas de la masacre terrorista del 11–M. 
A continuación y tras pasar nuestros bártulos por el scanner accedemos a la sala de embarque para tomar el Ave con destino a Lérida – Pirineos. Tras quedarse con el resguardo de nuestro billete accedemos junto con el maquinista del Ave de Sevilla a los andenes donde fotografiamos ambos Aves y posteriormente nos acomodamos en nuestro vagón para disfrutar de un cómodo viaje. A diferencia de lo que se pueda pensar la salida de un tren de Alta Velocidad no dista en demasía a la de un tren convencional. Salimos bastante despacio adquiriendo poco a poco velocidad hasta pasar los depósitos de Abroñigal y Cerro Negro hasta que nos encontramos a la salida de Madrid y tomamos la velocidad de crucero. La rodadura del tren y la infraestructura de la línea así como la insonorización son impecables y no se escucha ningún ruido que te haga pensar que te encuentras a bordo de un tren. El servicio de a bordo es muy bueno, unas agradables azafatas con constante sonrisa de profiden en la boca te hacen sentir como un una burbuja en la que no sucede nada. Por la megafonía y en diversos idiomas anuncian las próximas paradas así como la situación de la cafetería como de los artículos de Vending que AVE tiene a la disposición de sus viajeros.
De camino a Zaragoza el paisaje se vuelve por momentos lunar y rocoso con pequeños pueblos ubicados entre montañas mientras cruzamos imponentes viaductos y túneles lo cual denota la dificultad de esta infraestructura ferroviaria aun en construcción.
En 1:40 hacemos entrada en la majestuosa estación de Zaragoza – Delicias donde tenemos parada de 10 minutos. En las vías de ancho ibérico se encuentran un 444 junto a un también histórico 432. Es bonito ver a estos electrotrenes que han marcado una época en nuestro ferrocarril junto al Pato, el más moderno tren que circula por nuestras vías. De nuevo lentamente abandonamos Zaragoza y nos adentramos en un largo túnel hasta la salida en el pequeño apeadero de Miraflores donde volvemos a adquirir velocidad hasta nuevamente llegar a la velocidad de crucero. El paisaje hasta Lérida se vuelve mas monótono y nos centramos en la película que ofrecían en aquellos momentos hasta que pasamos raudos por la base de Montagut ya en las proximidades de Lérida. Llegamos con unos minutos de adelanto a la estación de Lérida en la cual tras despedirnos de una azafata del AVE con la cual charlamos bastante durante el viaje y tras ser autorizados por el jefe de estación y disfrutar de la gastronomía local nos disponemos a realizar unas fotografías.
Él trafico era escaso pero tuvimos la oportunidad de fotografiar al TALGO III “Miguel de Unamuno” en toda su inmensidad así como un 448R que posteriormente nos llevaría hasta Barcelona – Sants.
Desde Lérida el paisaje era una especie de mezcla de campos verdes con pequeños pueblos repartidos sin mayor criterio y algunas industrias. La vía del Ave seguía más o menos paralela a la nuestra hasta llegar a la Plana – Picamoixons donde se bifurcan las líneas que van directas a Barcelona por Sant Vicent de Calders y por Tarragona. El paisaje se vuelve montañoso y disfrutamos de la comodidad de nuestra unidad 448 R bien climatizada y que discurre a buena velocidad. Tras pasar St.Vicent de Calders nos encontramos de lleno con el Mediterráneo y una sucesión de pueblos costeros muy bonitos y con mucha vida tales como Gava, Garraf o Castelldefells. La línea sigue paralela al mar internándose en la costa por diversos túneles hasta casi llegar a Barcelona.
La estación de Sants me decepciona absolutamente por su iluminación, estilo garaje y la suciedad
que había en ella. Sorprendentemente nos sentimos muy a gusto y contentos con el metro, muy rápido, limpio, con buen servicio a diferentes zonas de la ciudad y bien de precio. Sin duda una agradable sorpresa.
Barcelona es una ciudad grande, bien situada, limpia y con importantes monumentos para visitar. Estábamos ubicados en la zona del Paralelo, una buena zona bastante céntrica y con buena comunicación con todos los lugares de la ciudad. Tras acomodarnos en nuestro hotel y asearnos salimos a dar una vuelta por la zona del puerto y del Maremagnum. Me impresionó la cantidad personas por las calles y el ambiente de fiesta que allí se respiraba con muchos turistas de todas las nacionalidades disfrutando de todo lo que allí sucedía.
A la mañana siguiente y tras cumplir con unos compromisos familiares nos dirigimos a Castelldefells donde quedamos con los amigos Andrés (Altaria) y Aarón (Aarongilp) que se encontraban también con un aficionado de Madrid que se encontraba al igual que nosotros de visita. Las circulaciones eran numerosas a pesar de que muchas de ellas eran de cercanías pero variadas. Tanto Manuel como yo nos quedamos asombrados al ver por primera vez en vivo y en directo a los Euromed y los Arco que por allí circulaban a 160 km/h. Siguiendo con raras avis también nos visitaron una 446 en nuevos colores RENFE Operadora además de una vetusto 444 y una 250 con un variado Teco. Hacia media tarde nos dirigimos a Vilanova y la Geltrú en un cercanías donde tras un largo paseo encontramos un lugar estratégico para fotografiar trenes con el fondo del monte y por delante el Mediterráneo; sin duda un lugar espectacular.
También tuvimos tiempo para observar a la pobre 352 que se encuentra a las puertas del museo de Vilanova (pobrecita ella). Tras despedirnos de LocoTractor que también nos había acompañado en la jornada nos dirigimos a la estación de Francia en Barcelona. Tras hacer trasbordo en Paseo de Gracia donde vimos el TH que se dirigía a Paris y el Antonio Machado procedente de las dependencias de San Andréu Comtal llegamos a la imponente estación de Francia claramente infrautilizada. Tras un breve paseo llegamos al Tranvía el cual realizamos toda la línea hasta San Adria del Besos. Nos despedimos rápido del amigo Andrés (Altaria) y tomamos un cercanías hasta Barcelona Plaza Cataluña donde por una avería en Sants el tren se quedo detenido y tomamos el metro nuevamente para llegar al Paralelo.
Mis temores se hicieron realidad por la mañana; teníamos una 440R para ir desde Barcelona hasta Cerbere, vencidos ya por el ajetreo de varios días de viaje y si cabe por la incomodidad de dicha unidad para trayectos de regionales nos quedamos profundamente dormidos hasta llegar a Figueres. Desde allí empezamos a divisar la zona de costa con pequeños pueblos de color blanco situado a uno y otro lado de la línea. Casi sin darnos cuenta entramos en Port Bou llamándome la atención un viejo 8.000 de literas en colores crema que según tengo entendido era un vagón hospital o de rescate. Tras breves minutos y tras pasar por un túnel llegamos a la Gare de Cerbere.

Dicen que un país se conoce por sus gentes y por sus paisajes y en este sentido Francia no iba a ser una excepción, tal como que en anteriores ocasiones se mostró ante nosotros como un país abierto, dinámico, multiplural y variopinto en toda la extensidad de la palabra.
Nada mas bajar de nuestra unidad en Cerbere todo era diferente, a veces resulta ciertamente curioso que dos pequeños pueblos que sirven de unión entre dos países estén tan cerca físicamente y tan lejos en el ámbito personal, de formas y maneras, de ideas y compromisos sociales. La atención por parte del personal de SNCF distaba mucho de la que estamos acostumbrados a recibir en España por parte de nuestra querida RENFE ya no me refiero como aficionado al ferrocarril sino como un pasajero o cliente normal y corriente. No creo que sea un problema de nada personal hacia nosotros si no mas bien de un concepto por parte de un país y de una empresa de hacer las cosas bien, de que el viajero siempre sabe que va a quedar satisfecho y en el que prima la atención al cliente y se utiliza la lógica por delante de criterios económicos e intereses personalistas.
El paisaje al igual que las personas también cambian, nada mas salir de Cerbere nos encontramos con unas bellas calas y algunos pueblos típicos de costa esta vez de color ocre en vez del blanco que teníamos en la zona catalana. Cuanto más hacia el interior nos adentramos el verde de las zonas vitivinícolas del Rosellon hacen acto de presencia dejando entrever que se trata de una importantísima zona en cuanto a vino se refiere y más tarde, después de probar sus afamados caldos podríamos constatar. Las paradas comerciales entre Cerbere y Perpignan son constantes y nos asombramos de la enorme cantidad de personas que suben y bajan del tren mismo para ir a la capital del Rosellon como para hacer pequeños recados entre pueblos vecinos.
A la llegada a Perpignan ya se respira otro ambiente, tanto en el ámbito ferroviario como a nivel personal. Las casas de piso y bajo y pequeñas haciendas dejan paso a grandes edificios y construcciones variopintas y los TGV Reseau y Duplex sustituyen a los pequeños Ter vistos hasta ahora. La estación se encuentra en una ebullición permanente de personas esperando trenes interminables que entran y salen en todas direcciones así como unos largos mercancías de aspecto muy elegante y de variada composición. A la salida dirección Narbonne nos encontramos con el aeropuerto de Perpignan que ofrece un aspecto prospero y con un buen número de conexiones aéreas así como algún hangar en el cual se encontraban aviones de todo tipo y de todas las compañías. Las zonas vitivinícolas nos volvían a acompañar hasta que llegamos a Rivesaltes donde pasaríamos el día disfrutando de la tranquilidad de esta pequeña villa y a nivel ferroviario de las numerosas circulaciones que allí se sucedían.
Últimamente esta muy de moda el utilizar la palabra “talante” para referirse a las formas y maneras o ideas de un individuo en sus actos o comentarios hacia sus semejantes. Llegados a este punto se puede afirmar sin duda que el talante de la SNCF es la de satisfacer a sus clientes sea cual fuere su procedencia o condición, mas cabe decir si son aficionados a los trenes. Por razones técnicas nos vimos obligados a llevar nuestros bártulos con nosotros y al dirigirnos al CDG a solicitar permiso y comentar que estaríamos allí mas o menos todo el día haciendo unas fotos muy amablemente al percatarse del pequeño inconveniente que portábamos a nuestras espaldas se ofreció para guardarnos las maletas el tiempo que allí estuviéramos nuestras pertenencias en la oficina de circulación. Sin duda este gesto el cual nos dejó muy asombrados aunque no sería el único a lo largo de la jornada nos facilitó mucho el tránsito tanto como por el pueblo como por la estación. Después de degustar en un restaurante cercano las especialidades típicas de la zona nos dirigimos a fotografiar una gran densidad y variedad de circulaciones. Numerosos mercantes, TGV Duplex, Reseau y Sud – Est así como numerosos TER y Corails hicieron paso por aquella entrañable villa. Mismamente nuestros Talgos tanto el CT (Catalán TALGO) como el que viene de Cartagena nos animaron la jornada y para nuestro deleite personal fueron anunciados por megafonía en español exclusivamente para nosotros. A la vuelta a Port – Bou nos tocó un estupendo Coraile de 18 vagones (sí, sí, ya se que aquí es imposible) traccionado sin mayor problemas por una Sybic 2600.
En Port – Bou nos esperaba el amigo Miguel (Gtren) que se uniría para hacer la jornada siguiente el trayecto entre Cerbere e Irun. Después de acomodarnos y con mucho calor en el ambiente nos damos un relajante y merecido baño en aguas del mediterráneo y tras una cena ligera acompañada de unas claras damos por concluida la velada.
A la mañana siguiente entre unas cosas y otras salimos algo tarde de nuestro hostal y perdimos el regional y el Costa Brava que nos podían llevar hasta Cerbere. De todas maneras tuvimos suerte y encontramos en la estación de Port – Bou un Coraile de Nuit de la SNCF que procedía de Estrasburgo y Metz y en breves se volvería de vacío a Cerbere. Sin dudarlo nos subimos en él y en apenas 4 minutos ya nos encontrábamos nuevamente ante las taquillas de la estación gala para adquirir nuestros billetes con destino Irún. En la estación se respira un ambiente muy diverso y bastante étnico con gente de diferentes clases sociales y de procedencia bastante distinta. Unos cuantos jóvenes vestidos con bermudas y una T- Shirt con el emblema de la SNCF deambulaban en busca de pasajeros que necesitaran ayuda. “Se hablan idiomas” rezaba un cartel en una de las taquillas de esta pequeña pero coqueta Gare. Como estudiante de Comercio y Marketing que soy me quedo maravillado ante la multitud y diversidad de servicios que se ofrecen así como de un trato personalizado y a la medida de cada viajero, y si esto sucedía en apenas un pequeño pueblo costero que sucedería en una gran urbe como Paris, Burdeos o Lyón? La respuesta es la misma y todos la conocemos. Con unos 40 minutos de antelación sitúan nuestro tren en la vía prefijada anteriormente; se trata de una composición de vagones Coraile
de 8 unidades con una Sybic 2600 por delante. El tren tiene como destino Paris – Austerlitz y poco a poco la gente comienza a instalarse en su vagón. Partimos ya con la mitad de los coches llenos si bien antes de llegar a Perpignan en paradas como Elna o Banyuls – Sur le Mer tenían una muy notable afluencia de viajeros. Desde Perpignan dejamos a un lado mediante una especie de triángulo la estación de Narbonne en la línea de Montpellier y tomamos una buena velocidad que rondaría entre los 140 y 160 km/h. Pasamos por entre unas marismas con el fondo de una abundante vegetación y al rato hacemos entrada en Carcassone. La estación es muy bonita siguiendo el estilo de las de la línea tipo Perpignan o Narbonne. Reanudamos marcha pasando paralelos a una autovía en la cual se encontraban grandes retenciones de vehículos al mismo que tiempo que por el otro lado dejábamos atrás pequeños núcleos de población ubicados en una vasta llanura.
La entrada en Toulouse no es muy diferente a la de cual otra gran urbe española o europea. El tren aminora la marcha pasando por diversos polígonos y núcleos de población mas o menos marginados se confunden con casas acomodadas de piso y bajo, a los lados de la vía se ve jugar a niños de manera despreocupada con sus pelotas cerca de un paso a nivel. Desde un coche una madre saluda con su hijo al paso del tren, al tren de los sueños y las emociones que todos llevábamos dentro, pero eso estimados amigos ya es otro cuento.
La estación de Toulouse Matabiu es un importante núcleo ferroviario y así lo da a entender las numerosas vías que en ella confluyen o el inmenso depósito de locomotoras y automotores que tiene la estación. Él trafico de trenes es constante. Nada mas llegar hace su entrada un tren de peregrinos procedente de Italia con vagones de la FS con destino Lourdes. Sin duda esto es matar dos pájaros de un tiro como dice el dicho. Raudos cambiamos de anden y fotografiamos tales vagones que poco después de la inversión de marcha de la “nez casse” Bb 7200 partirían dirección al santuario mariano. Al rato también hace su entrada un Coraile Theoz similar aunque las comparaciones siempre son odiosas por que cada cual tiene su estilo propio a nuestros Arco. La decoración tanto exterior como interior de los vagones es innovadora y atractiva desde todos los puntos de vista. En la visita a la estación de Matabiu es obligada observar y maravillarse ante la imponente fachada de la misma. Cruzamos una pequeña plaza situada a la salida de la estación y sorteamos un pequeño río mientras nos mezclamos entre el bullicio de la urbe. Tras las fotos de rigor y tomar un pequeño tentempié se sitúa nuestro Coraile con destino Irún. Nuevamente nos ubicamos en el vagón Coraile de compartimentos que a estas alturas de viaje y de estado físico y emocional nos parece un autentico lujo asiático. El compañero Miguel conocedor de la línea en profundidad nos comenta la bifurcación hacia La Tour de Carol al paso del tren, mientras apenas un par de minutos má tarde nos sumimos en un profundo y placentero sueño. Nos despertamos al efectuar paso por Tarbes estación a pie de diversas estaciones de esquí o de puertos tan míticos del Tour de Francia como el Aubisque, el Soulour o el Tourmalet. Aguanto despierto hasta Lourdes la siguiente estación la cual me evoca viejos recuerdos de adolescencia y la de una amable señora que me regalo una chocolatina mientras yo deambulaba entre una fila de Corailes de la época.
Vuelvo a caer en los brazos de Morfeo y me despierto ya con la vista puesta en la inmensidad de las costas atlánticas. En pocos minutos hacemos entrada en Bayonne y allí tenía lugar la inversión de marcha para, sobre 20 minutos más tarde, reanudar viaje con el punto de mira ya en Irún.
En el compartimento de al lado viajaban un grupo de chicas francesas, casi sin quererlo comenzamos un absurdo dialogo desde un compartimento a otro con toda clase de epítetos y exclamaciones a las cuales prosiguieron una guerra de canciones de lo más variopinto entre las cuales de nuestra parte como buenos gallegos y seguidores del Celta no pudo faltar la “rianxeira” que sonaba mejor que nunca en tierra extraña. Es curioso lo que hace y genera el aburrimiento y la desidia a bordo de un tren así como la sensación de sentirse libre y fuera del mundo en un viaje. Tras una afectuosa despedida de nuestras compañeras de fiesta trenera por darle alguna denominación nos centramos en el paisaje y en la parte ferroviaria.
Pasamos sin detenernos, creo tener constancia, en Saint Jean de Luz – Ciboure así como en el apeadero de “Les deux Jumeaux” antiguo apeadero de Hendaye Plage. El tren hace su entrada en Hendaye serpenteando y algo cansado ya en su recta final de viaje, apenas unos breves minutos de parada y circulamos ya por el puente internacional de Santiago de nuevo en España. Nos detienen en la extensa playa de vías de Playaundi a la vez que se nos pone a la par la 269.417 del diurno Galicia – País Vasco que acababa de dejar sus vagones en el anteriormente citado depósito de Playaundi. Nos autorizan marcha y antes de entrar en el sector francés de la estación de Irún nos cruzamos con un TGV que acababa de llegar de Paris Montparnasse. Finalmente nuestra Bb 7200 emite un pequeño chirrido y rendimos viaje ya en suelo español al menos por el día de hoy.
Ya en Irún nos esperaba el amigo Alberto (Irun 81) para pasar una agradable velada esperando al querido Francisco de Goya en tierras galas. Tras tomar aposento en nuestra estancia y asearnos un poco incluida la aventura del amigo Manuel que se quedo encerrado en el servicio al no tener este pomo ni por dentro ni por fuera salimos a tomar un merecido bocadillo. Despedimos al amigo Miguel (Gtren) que nos había acompañado toda la jornada y que se marchaba en breves minutos en el Pío Baroja hacia Barcelona. Después de las despedidas de rigor nos encaminamos con paso decidido a la estación de Eusko Tren situada en el Paseo Colón de Irún. El ambiente era estupendo, cientos de jóvenes con sus mejores galas se dirigían a las fiestas de la cercana localidad de Rentería. El coloquialmente conocido como “Topo” hizo su entrada a las 10:47 de la noche y apenas fuimos los únicos pasajeros que nos subimos en el dirección Hendaya. En la parada de Santiago a la cual yo denomino “Playaundi” se bajaron un nutrido grupo de franceses mientras el amigo Alberto, Manuel y aquí vuestro servidor comentábamos si no les sería mejor bajarse ya en la estación de Eusko Tren de Hendaye.
En la estación de Eusko Tren de Hendaye un grupo de jóvenes franceses se disponían a coger uno de los últimos servicios de la noche suponemos a Donosita/ S.Sebastián o a Rentería mientras nosotros charlábamos animadamente sobre los TGV que nos esperaban y el paso de los Tren Hotel Madrid – Paris v/v. Situado para efectuar su salida en breves se encontraba el TGV de nuit que une Hendaye con la Gare de Montparnasse en Paris. Le tomamos un par de fotos y nos encaminamos por el depósito donde se encontraban unos 4 o 5 TGV además de algunos vagones Coraile y alguna nueva unidad de regionales denominadas TER. La noche era cálida y con luna llena. Un operario de SNCF se nos acerca para preguntarnos que estábamos haciendo por allí. Le comunicamos que somos de amigos del ferrocarril y que estamos haciendo unas fotos y el buen hombre se muestra todo entusiasmado con nuestra visita indicándonos que tengamos cuidado al cruzar las vías por si estaban con alguna maniobra y que avisaría al puesto de mando por si necesitábamos alguna cosa. Al cabo de un par de minutos se presenta ante nosotros el jefe del puesto de mando que tras decirle que éramos españoles y mostrarle nuestras credenciales o autorizaciones de RENFE en un buen español nos empieza a contar que vivió una temporada en Ponferrada y lo mucho que le gustaba la zona de Las Médulas entre Ponferrada y la zona de Montefurado en las proximidades de Monforte de Lemos. Muy amablemente nos pregunta si queremos o necesitamos alguna cosa de particular y se muestra orgulloso de tener allí guardado el Velaro a su recaudo mientras nos empieza a hablar de diverso material francés.
Fotografiamos lo habido y por haber del Velaro y nos dirigimos posteriormente a la rotonda a fotografiar algunas de las locomotoras que por allí se encontraban. Nos encontramos con diversos operarios y personal de la SNCF todos muy majos y agradables saludándonos y preguntándonos si lo estábamos pasando bien al tiempo que se quedaban algo asombrados de vernos con nuestros trípodes y cámaras en ristre. Españoles.....debían pensar.
El Francisco de Goya procedente de Madrid – Chamartín hizo su entrada sobre la 1:45 de la madrugada ya una vez pasado el intercambiador y con su “nez casse” ya al frente de la composición. Mientras nos dirigíamos para fotografiarlo hizo su entrada el anverso procedente de Paris y con el tractor 307 francés dando por cola para llevarlo hasta el intercambiador. Tenemos oportunidad de charlar con un mecánico de TALGO de Irún que nos comenta el proceso de las maniobras y nos insta a que un día nos acerquemos al intercambiador para verlas in situ. Algunos gendarmes suben a los trenes para pedir documentación y desalojan a algún individuo de carácter sospechoso del Tren Hotel que va dirección Paris.
Caminando lento pero felices por el trato personal que nos han dispensando y por el botín fotográfico obtenido nos encaminamos hacia el Paseo Colón donde nos despediríamos de nuestro guía local el bueno y gran amigo Alberto (Irun 81). Apenas minutos mas tarde estábamos ya descansando en nuestros aposentos hacia la que seria al día siguiente última etapa de nuestro viaje.
Ya de mañana tras poner en orden nuestras maletas y abandonar nuestro hospedaje sobre el puente del Paseo Colon sobre la playa de vías de Playaundi y con Hendaye y la bahía de Txingudi al fondo me despido de mi Sancho Panza particular; el bueno de mi amigo Manuel que se iba a Bilbao Atxuri en el Pullman de Eusko Tren desde Hendaye. Yo me dirijo con paso cansino y ya solo hacia la estación de RENFE a la que llego tras bajar unas escaleras desde el Paseo Colon.
El diurno País Vasco – Galicia y v/v es un tren un tanto desfasado, vetusto, pero sin duda es de los pocos trenes que conserva una identidad y estilo propios, que en cada viaje brinda un gran elenco de sensaciones, aventuras y emociones; y este viaje no iba a ser menos como mas tarde os contaré.
Estaban formando la composición con un tractor 310 y tras dejar mis bártulos en mi vagón y plaza me bajo para husmear un poco de las maniobras de acople de la japonesa. Acaban de acoplar la japonesa (269.417) y tras hacer las pruebas de freno me encuentro con el bueno de mi amigo del Museo de Monforte el Sr. Silvela que ahora realiza las funciones de mecánico. Hacia mucho tiempo que no coincidíamos desde una buena comilona que organizamos en tierras luguesas con motivo de la visita de Josep Serré, Civis y algunos compañeros mas desde Cataluña así como con gente de la AVAFT como Carlos Barreiro para ver el Museo de Monforte.
Nos ponemos en marcha a buen ritmo y en 15 minutos justos hacemos entrada en la estación de Donosita /S.Sebastián que para mi pena personal se encontraba en obras. Reiniciamos viaje y me quedo dormido no sin antes poner la alarma del móvil para unos minutos antes de la entrada en Miranda de Ebro. Me despierto pasando las dependencias de TALGO en Ribavellosa .
Entrando por el deposito de Miranda de Ebro se observa a la 269.239 en nuevos colores de RENFE Operadora acompañando a unas tandem junto a una antigua 321 en colores verde y amarillo. En la estación me esperaba el amigo Markos (Ordunte) al que hacia también muchísimo tiempo con el que no tenía oportunidad de coincidir. Fue una pena que apenas tuviéramos los escasos 15-20 minutos que duran las maniobras de acople de las ramas bilbaína e irundarra para ponernos al día de novedades y charlar un poco sobre todo. Desde luego un gran detalle de buen amigo subir desde Bilbao hasta Miranda para apenas estar los 20 minutos de la maniobra conmigo. Que grande es nuestro Ordunte!!!
Una vez pasado el Río Ebro y tras atravesar una zona de trigales y campos de girasoles sobre las proximidades de Briviesca me acomodo en mi asiento para disfrutar nuevamente una siestecita esta vez hasta Palencia. Despierto sobre el by-pass de Magaz al tiempo que cruzamos con un TALGO IV con una 269.4 que supongo que seria el procedente de Gijón.
Ya despejado de mi somnoliento sueño me pongo a analizar a mis compañeros de viaje. Es bonito vez una mezcla de gente de tan diferentes edades, culturas, países e ideas. Además de muchas familias que se dirigían a la costa gallega a veranear también eran abundantes los emigrantes portugueses afincados en Francia que volvían a pasar unos días a su tierra así como muchos mochileros de InterRail y algunas jóvenes francesas que venían a pasar unos días del periodo estival a las tierras de sus padres o ya en algunos casos abuelos.
Al llegar a Sahagùn me dirijo a la cabeza de tren para intentar sacar una foto artística de la japonesa que llevábamos en cabeza con los campos castellanos. Andaba yo calculando como hacer la foto cuando en la plataforma entra una chica joven, pelirroja, de mediana estatura, ojos azules y ciertamente atractiva, a preguntar si aquella parada era Ponferrada. La buena de la chica no hablaba mucho español y le explico en ingles que aproximadamente para Ponferrada aun quedaban sobre 2 horas de viaje. Amablemente se presenta llamándose la gabacha Marie y yo hago lo propio. Al punto llega otra francesa llamada Natalie amiga de la anterior que habla un español bastante correcto puesto que según comentaba su abuela es de Ponferrada e iban a pasar unos días allí. Empezamos a volar a 160 km/h desde Sahagùn hasta León solo bajando la velocidad al entrar en apeaderos mientras comienzo una agradable conversación con las dos francesas sobre a que nos dedicamos, nuestros hobbyes y demás viajes de unos y otros a lo largo de Europa. Rápido congeniamos y nos intercambiamos teléfonos y direcciones de Messenger y ellas comentan que habían escuchado buenas y bonitas cosas de Vigo y que les gustaría venir. Poniéndome al punto como si de un embajador de la oficina de turismo de mi ciudad se tratase les relato todas las maravillas que aquí tenemos. Ellas, fascinadas sin duda alguna, prometen visitar la ciudad y me ruegan que sea su guía particular y les enseñe todo lo habido y por haber.
Lo que voy a narrar a continuación puede dar lugar a incredulidad por parte del lector o incluso a una muletilla por parte del escritor para animar esta narración pero nada mas lejos de mi intención que como hasta ahora narrar los sucesos tal cual acontecieron.
Las dos gabachas en plena conversación me sonríen ampliamente y de repente se abrazan y comienzan a besarse en los labios abandonándose completamente a sus deseos y emociones. Yo que me encontraba a metro y medio de ellas aproximadamente y recordando mis tiempos pasados en Francia e Irlanda no le doy mayor importancia al suceso aunque si me llamó la atención por que esas cosas no se ven todos los días.
Sacando de la chistera mi vena cínica y más liberal les pregunto si les ha gustado y me comentan que es una demostración de que son muy amigas aunque también afirman rotundamente que les gustan los hombres y divertirse con ellos. Seguimos dialogando como si nada hubiera pasado y nos plantamos en León con 5 minutos de adelanto. Les comunico a las francesas que es una parada técnica y que tienen 5 minutos para estirar las piernas si gustan. Ni cortas ni perezosas se bajan del vagón mientras en la cabina de la 269.417 se cambian los maquinistas. En ese momento escucho un comentario de parte de un maquinista “con el hambre que llevo hoy y a estas dos que les gusta el conejo que desperdicio....” no me hace falta mirar muy lejos para ver a las gabachas besarse públicamente y demostrarse todo tipo de afectos en publico ante el estupor de los maquinistas, personal de seguridad y viajeros que allí se encontraban.
Seguimos a buena marcha camino de Astorga, esta vez ya solo en la plataforma después de acompañar a las francesas hasta su vagón me paro a pensar el por qué de sus actos. Tuve la oportunidad hace algún tiempo de conocer bastante a las mujeres francesas y sin caer en tópicos ni ideas preconcebidas sobre ellas me parecen un tanto complicadas de entender, en cierto modo caprichosas pero de carácter firme y decidido al mismo tiempo que liberal. Finalmente me decanto por la opción de que a mis nuevas amigas les va el “rollito” de seducir y provocar al personal así sin más porque se encuentran fuera de su país.
Olvido los sucesos pasados y me vuelvo a centrar en la parte ferroviaria del viaje no sin antes hacer una visita por la cafetería para tomar el también archi conocido bocadillo de tortilla de patatas con queso servido en este tren desde tiempos ancestrales. En Veguellina hacemos parada técnica para efectuar el cruce con el diurno Galicia – País Vasco traccionado por la “taxi” 269.918 que pasa como un tiro por vía directa. Al llegar a Ponferrada ayudo a las gabachas a bajar sus maletas y nos despedimos con un par de besos y un “a bientot” volviéndome a dormir camino de Monforte.
La llegada a Monforte supone de nuevo el cambio de marcha y esta vez cambiar de vagón para colocarme en el procedente de Bilbao con destino Vigo. Aprovecho también para fotografiar la 269.407 del estrella Atlántico así como la 251.019 una de las 3 de la serie de 251 que me faltaban para tener fotografiada toda la serie. Me despido del buen amigo Silvela quedando para organizar próximamente otra comilona y visitar las tierras monfortinas dándonos saludos para nuestros conocidos comunes.
El día por estas latitudes está bochornoso, con nubes y amenaza lluvia. En Arbo estamos 10 minutos para hacer el cruce con el Estrella Galicia, seguimos a buena marcha por las variantes del Miño y otros 10 minutos de espera en Guillarey hasta que la Sorefame que cubre servicio a Oporto pasa por el triangulo y nos deja vía libre. Los 160 km/h a los que circulamos por Las Gandaras me parecen inútiles puesto que de nuevo en Porriño tenemos espera de o
tros 7 minutos esta vez para efectuar cruce con el regional Vigo – Orense. Como sorpresa el servicio lo cubre un 592.2 ya habitual en verano en sustitución de las 440 tras las constantes quejas y reclamaciones de los sufridos viajeros por falta del aire acondicionado. Ya sin mayor historia que la aquí contada sobre las 8:15 con unos leves 5 minutos de retraso hacemos la triunfal entrada en la estación de Vigo. Saludo al maquinista con el cual estuve un rato en León así como al personal de seguridad y me encamino cansado pero ciertamente feliz y satisfecho hacia mi casa..
“Cada tren, cada viaje, cada viajero, una historia...”
Por Javi Lago (TGV41)
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¿La seguridad? Seguridad ferroviaria
Hace unos días, planteaba dudas sobre la seguridad en este
escrito. Temía que las nuevas medidas de seguridad tomadas en los aeropuertos, lejos de hacernos sentir más seguros, encubrían una parte de negocio además de trasladar la posible inseguridad a otras zonas más endebles y a la vez menos espectaculares a la opinión pública.
Sin embargo, cada vez veo más ineficaces determinadas medidas de seguridad que en teoría se encuentran presentes en esas otras áreas, como decía más débiles.
Y el motivo es el siguiente. Como sabrán la mayoría de los lectores, para poder tomar fotografías en las estaciones y ciertas dependencias ferroviarias, es necesario tener un permiso especial emitido por
ADIF y por
RENFE conjuntamente. Por tanto, la mayoría de los aficionados al mundo del ferrocarril que nos gusta estar en las estaciones observando trenes y fotografiándolos de cara a mantener, por lo menos en imagen fotográfica el patrimonio nacional ferroviario, ya que los propios dueños no ponen demasiado empeño en ello, poseemos dicho permiso emitido tras dar todos nuestros datos a dichas compañías.
Se puede estar a favor o en contra de dicho permiso, ya que para llevar a cabo una actividad artística como es la fotografía, donde no se daña a nadie ni a nada, puede ser algo chocante, que una empresa semi pública te otorgue un derecho que ya te da la Constitución. Pero bueno, se puede entender como un pacto entre aficionados y compañías ferroviarias en la que podríamos estar todos de acuerdo pudiendo ser los aficionados observadores de cualquier incidencia que surja en los espacios ferroviarios que al ser tan grandes son inabarcables por las compañías, por lo que se podría aumentar la seguridad.

Sin embargo, ese permiso en muchas ocasiones, es papel mojado. Me explico. El modo de utilizar ese permiso es, ante todo con corrección y cortesía. Sin entorpecer al personal que está trabajando, sin molestar a los viajeros
–objetivo de la empresa– y sin poner en riesgo en ningún caso ni a las personas ni a las cosas. Es decir, tratar de ser lo más transparente posible para no molestar a nadie. Estas pautas que siguen la mayoría de los aficionados, entendiendo que la afición que llevan a cabo debería mejorar, si está en su mano la función ferroviaria. Pero en muchas ocasiones la realidad es otra.
Los supuestos encargados de mantener esa seguridad de las compañías, a menudo desconocen la existencia de ese permiso y por tanto la posibilidad de fotografiar libremente en esos espacios ferroviarios. O también puede suceder que ciertas atribuciones que se les dan o llevar una pistola en el cinturón, les hace crecerse ante ciudadanos libres ejerciendo una actividad amparada en la Constitución como he dicho anteriormente. Estos encargados son los vigilantes jurados. Por supuesto que no quiero extender a toda la profesión mis quejas al respecto, pero sí son bastante representativas las actuaciones que llevan a cabo estos individuos amparados en una ley de seguridad donde se atribuyen funciones que no son suyas y en la más que intimidatoria posesión de un arma.
En cuanto te ven en un andén tranquilamente viendo pasar trenes o tomando fotos de los mismos, en seguida se te echan encima de ti como si estuvieras realizando una actividad altamente peligrosa. Hasta ahí, no hay problema, me parece bien que estén atentos a cualquier cosa que suceda en sus dependencias. Te piden el permiso, contrastan tu documentación con el mismo y en teoría, sin problemas. Pero el problema viene cuando se extralimitan de sus funciones. No siempre viene hacia ti a pedirte el permiso. Hay veces que desde un extremo de un andén te gritan o te llaman tocando un silbato como debe llamar a su perro, con la diferencia de que yo, no soy su perro. Por supuesto que si gritan “¡Eh, tú!” se pueden referir a todos lo “Tú” que se encuentran en la estación, porque si yo no estoy haciendo nada ilegal, no tengo por qué sentirme aludido. Y bueno, ya lo del silbato, sin comentarios.
Pero es que muchas veces, cuando les presentas el permiso expedido por las empresas que les contratan a ellos, en muchas ocasiones, desconocen la existencia de dicho permiso y por su desconocimiento, te aluden a que no vale para nada. O te pueden decir que ese permiso no tiene

ninguna validez por lo que te impiden hacer fotos. También puede suceder que se tomen nota de tus datos que aparecen en el permiso, cosa que ellos no pueden hacer en ningún caso. Posteriormente, no se sabe para que utilizan esos datos, pero en más de una ocasión han llegado a compañeros aficionados, denuncias falsas sobre actos prohibidos cometidos en los recintos ferroviarios. Debe ser que para colgarse medallas estos valerosos vigilantes de la “ley y el orden” deben fingir arriesgadas misiones en la detención de sospechosos cuando los datos se han dado voluntariamente ya que no se ha cometido ninguna falta.
¿Pero dónde están estos valerosos agentes de seguridad que tanto velan por el bienestar de la sociedad cuando se cometen actos delictivos de verdad? Porque no entiendo como pueden ir unidades totalmente grafiteadas con origen en sus depósitos o en plena marcha, previa parada forzosa de la unidad. ¿Ahí no hay vigilantes? ¿No se vigilan los depósitos? ¿Son invisibles los grafiteros cuando los ciudadanos de a pie no lo conseguimos y estamos siempre bajo sospecha? ¿No será que cuando hay una pandilla de delincuentes grafiteros, los valerosos vigilantes –que ya no lo son tanto– prefieren mirar a otro lado porque no se atreven a enfrentarse a ellos? ¿Sabe un vigilante de estos que comento lo que vale reparar una unidad grafiteada? Es más, dudo que sepan de leyes porque no las saben aplicar.
Podemos seguir hablando de otros delitos que suceden en recintos ferroviarios como atracos, vandalismo, destrozo de mobiliario, destrozo de unidades únicas e históricas ferroviarias y un sin fin de delitos que nunca cuentan con la presencia de los “valerosos” vigilantes con pistola en el cinto. Sinceramente, viendo el estado de algunas estaciones, no me siento más seguro cerca de un vigilante porque son figuras decorativas, armadas pero decorativas.
Pero el que dude de lo que estoy diciendo, lo puede poner en práctica cuando quiera sacando una cámara en un andén y ejerciendo el noble arte de la fotografía, después que nos comente qué pasa. Eso sí, si eres grafitero, es posible que posen contigo en las fotos que luego cuelgan en Internet los vándalos con sus
hazañas. Y recordar que no sólo en el ámbito ferroviario suceden estos desmanes de los vigilantes, invito a leer esta
columna de
Arturo Pérez Reverte contando una experiencia similar pero en otro escenario.
Desde aquí, quiero hacer una llamada de atención a las compañías ferroviarias para que vigilen a las empresas que contratan como elementos de seguridad ya que se están extralimitando en sus funciones y haciendo la vista gorda a hechos delictivos, ya que si no es inexplicable la existencia de tantas unidades hasta arriba de grafitos. Y recordar también que impedir hacer un derecho constitucional puede tener consecuencias graves a quien trata de impedirlo. Se debería entender que los aficionados al ferrocarril son amantes del ferrocarril y como tales, lo que van a tratar es de preservarlo, no de perjudicarlo. Y que más vale tener de su lado a los aficionados que a delincuentes como los grafiteros.
Que nos hagan sentir realmente más seguros a los usuarios de los medios ferroviarios y no con falsas imágenes que por haber un individuo armado pensemos que estamos más seguros.
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La Seguridad
Con los últimos dispositivos de seguridad aplicados a los vuelos como respuesta a la exigencia del patrón, Estados Unidos, la paranoia por la seguridad está llegando a límites insospechados.

Hablar de la seguridad como prevención es como cuando la abuela rodearía de algodones al nieto porque ve peligro en todas partes. “No te subas ahí que te caerás”, “Abrígate que cogerás frío”, “No corras que tropezarás”, “No juegues con el palo que te saltarás un ojo”, “No te bañes todavía que se te cortará la digestión”. Y cuando se le pone en cuestión a la abuela su alarmismo, te contestará con “verás como le pase algo” y si realmente le pasa algo, aunque independientemente de las prevenciones ya que los niños son imprevisibles, te dirá con cara de satisfacción por tener la razón “¿Lo ves?”
Pero la obsesión con la que nos quieren atormentar últimamente cuan si fuéramos niños pequeños, es para que vivamos en un estado de alerta permanente, temerosos de que el cielo caiga sobre nuestras cabezas y sospechando continuamente del vecino. Para que los que pongamos estas medidas en duda, nos acaben diciendo el “¿Lo ves?” con la satisfacción de demostrar que tenían razón.
Pero ¿qué significan estas medidas? Y ¿cuáles son sus consecuencias?
Resulta que para aplicar estas medidas que pretenden “salvar” el mundo hay que aumentar el personal de seguridad en los aeropuertos, restringir las compras a sólo las tiendas en los aeropuertos, habilitar salas con mobiliario para las largas colas que se forman, nuevos escáneres, aparatos que detectan la pólvora en nuestro equipaje cual CSI, bolsitas, bandejas portaobjetos, contenedores para lo que no pasa el filtro, cámaras y un sin fin de artilugios que “velan” por nuestra seguridad. Estas medidas cuestan unas cantidades impresionantes ya que si lo multiplicamos por el número casi incalculable de aeropuertos que existen, el importe total se va a un buen pico. Por supuesto cantidades que pagamos todos los ciudadanos vía impuestos o pluses extras en nuestros billetes. Pero que benefician a empresas privadas de las cuales los ciudadanos no olemos nada de esos beneficios. Resulta un poco extraño o al menos sospechoso ¿no?
¿Y vamos a estar más seguros? Con estas estrictas medidas de seguridad se está diciendo a los terroristas: “Oye, que penséis lo que penséis, en los aviones no actuéis. Buscaros otros sitios menos seguros tipo trenes, metros, autobuses, campos de fútbol, etc. Pero no me fastidiéis los aviones que son muy caros” Y curiosamente los usuarios de esos sitios desprotegidos somos los ciudadanos, los que pagamos las medidas de seguridad nombradas anteriormente. En fin un tremendo lío, porque seguimos igual de desprotegidos pero pagando una segu

ridad muy cara.
Las medidas de seguridad más efectivas serían las de prevención, pero no antes de volar si no las de antes de que a alguien se le ocurra atacarnos. Es decir, ¿sabemos por qué quieren atacarnos? Probablemente sí, pero no se quiere reconocer porque estaríamos justificando el terrorismo. ¿Qué estamos haciendo para que quieran atacarnos de esa forma tan brutal? ¿Sería evitable? Probablemente sí pero no rentable.
Acabada la guerra fría contra el comunismo, hay que inventar otros enemigos a los que combatir. Y acabados estos, buscar otros y así siempre.
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Extraído de "hoy digital" un relato excepcional sobre la antigua historia ferroviaria de Almorchón en Badajoz.
"El incesante ruido del pasar de los trenes era la melodía que cada mañana acompañaba a alumnos y maestros en la escuela de Almorchón en 1958. Máximo, uno de los doscientos niños del colegio, miraba constantemente por la ventana; le encantaba buscar a su padre entre el gentío de operarios ferroviarios que operaban 24 horas al día formando vagones con dirección a Madrid, Córdoba o Badajoz. Su padre era uno de los muchos maquinistas del

enlace ferroviario de Almorchón que cobraba 300 pesetas y que trabajaba de sol a sol.
En la capilla, una escuela improvisada donde los pupitres de las niñas se confundían con los bancos de oración, Lucía atendía las clase de la maestra, que les hablaba del mundo que existía más allá de las vías del tren. Al salir, acompañaba a su madre al economato, la tienda de Renfe en la que las familias adquirían los productos que a final de mes descontaban de la nómina del padre.
Por las tardes, Máximo, Lucía, Tomás y otros niños jugaban a ser ferroviarios en la plaza del pueblo, como sus padres. Se imaginaban que trabajaban en los dos talleres de material de tracción, o en las carboneras cargando los depósitos, o en la brigada de obras construyendo vías, o de maquinistas a mandos de un tren. Al anochecer acudían a las inmediaciones del hotel a ver llegar a los viajeros que pernoctaban en el pueblo.
Almorchón era parada obligatoria de centenares de expresos y mercancías. El economato, las tiendas, el bar, el hotel, las carboneras, los muelles de carga... cada rincón de este pequeño pueblo creado por Renfe en las cercanías de Cabeza del Buey rebosaba actividad.

Eran otros tiempos, los años cincuenta y sesenta, la época de mayor esplendor. Ahora por sus vías apenas pasan cuatro trenes diarios, y el tiempo y la modernización del ferrocarril ha convertido a este enlace en una pequeña estación de un pueblo semiabandonado.
El colegio desde cuya ventana Máximo buscaba a su padre está abandonado, el economato donde Lucía compraba con su madre está en ruinas, del restaurante y del hotel de cinco plantas y 32 habitaciones en el que pernoctaban los viajeros no hay rastro, los talleres de reparación son un solar comido por los hierbajos y las carboneras hay que imaginárselas. Todo ha desaparecido, pero aquí siguen Lucía, Máximo y otra treintena de vecinos que forman parte de la última generación de almorchoneros: hijos de ferroviarios y ferroviarios jubilados, que ven como el pueblo de su infancia no tiene nada que ver con lo que es hoy.
El bullicio que despertaba el pueblo en los años cincuenta y sesenta se ha tornado en un silencio inquietante sólo roto por el sonido de una fábrica de pienso cercana. Las calles, conformadas por pabellones de casas anchas de una planta, están ahora huérfanas de juegos infantiles. Recorrer hoy Almorchón es conocer el lacerante paso del tiempo. Sin embargo, sus ruinas rezuman aún el esplendor del pasado.
El continuo letargo empezó a finales de los 70. Primero llegaron las locomotoras de gas oil, después la mecanización del trabajo -que requería menos mano de obra- y a esto se añadió el cierre de las carboneras y la eliminación de la línea de Córdoba.
Paso a la modernidadEl nuevo ferrocarril mecanizado y moderno dejó fuera de sus planes a Almorchón. Máximo, que actualmente tiene 55 años, sigue paseando por las inmediaciones de la estación. Con cierta resignación, asume «el negro futuro» del pueblo. Cree que la situación en la que se encuentra ahora mismo es demasiado complicada como para salir adelante. En su opinión, «la reconstrucción del pueblo costaría demasiado dinero». Ha sido testigo directo del letargo del pueblo. Ha visto como poco a poco el personal de Renfe destinado en Almorchón se reducía y la gente, como él mismo, emigraba en busca de las oportunidades que ya no daba el ferrocarril. Sobre el futuro de este particular pueblo planean interrogantes que ni los propios vecinos pueden resolver.
La mayoría de las casas son de Renfe, que las mantiene en alquiler aunque el terreno es una cesión que se extinguiría en el momento en el que el tren deje de pasar por Almorchón, según explica Máximo. Lucía, aquella niña que compraba en el economato, espera que algún día se arreglen las casas abandonadas. «Da mucha pena verlas así». Cuando llegó el declive al pueblo tuvo que trasladarse a Málaga, y ahora pasa la mitad del año en Almorchón, donde disfruta del verano. Reconoce que prefiere las noches estivales bajo al abrigo de la Sierra de la Rinconada a la Costa de Sol.
Viajar gratisLas anécdotas de la infancia forman parte de las tertulias nocturnas de hoy. Los viajes gratis a los grandes almacenes de Madrid para comprar los últimos modelos y lucirlos en las fiestas, las familias que vivían en los vagones porque no había casas para todos o los bocinazos de los trenes al pasar por el pueblo están intactos en su retina. Pero en Almorchón, el tren no sólo es pasado, también tiene un tibio presente. Mariano Naharro es el actual jefe de estación de Almorchón y heredero de las glorias pasadas del pueblo. Es consciente de que Almorchón fue todo gracias al tren y que precisamente ahora está a punto de la desaparición por él. Llegó al lugar en 1982, cuando el declive se estaba consolidando. En ese momento había cinco personas en la estación y aún mantenía un tráfico ferroviario alto, de cientos de trenes diarios. Ahora, apenas pasa una docena.
Como si fuera un auténtico tesoro, Mariano desempolva el libro de personal del año 1955. En sus hojas envejecidas de medio siglo, escritos a mano con bolígrafo azul, aparecen los nombres de áquellos que convirtieron a Almorchón en el motor económico de la zona. Son los mismos que hoy, mucho tiempo después, se sienten extraños dentro de esos trenes modernos que discurren por las vías que ellos construyeron."
Por Antonio Gilgado y Jon Cuesta
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Por tierras salmantinas
14 de abril de 2006Tal vez la que más y mejores recuerdos me trae es la de Fuentes de Oñoro (Salamanca). Fue ésta una estación importante hace unos años por ser la última en territorio español antes de que la línea se adentre en territorio portugués. Aún recuerdo, aunque no la vi en funcionamiento, la rotonda (no creo que se llame así) que se utilizaba para dar la vuelta a las máquinas de vapor. Mis tíos son panaderos de esta villa, y su comercio se encuentra pegadito a los edificios de la estación. Mis primos, e incluso mi hermano, mayor que yo, me han contado más de una vez cómo bajaban desde la panadería hasta la estación, a las dos o las tres de la madrugada, para vender hogazas de pan (casi crudo por falta de tiempo), al paso de los largos expresos procedentes de Francia y con destino Lisboa u Oporto. Valía cualquier moneda: escudos, pesetas, liras, francos. Daba igual. Se lo quitaban de las manos. Eran trenes que bajaban atestados de gente, cansada de tan largo viaje, a la que un trozo de pan caliente le sabía a gloria bendita.
Era ésta una parada larga ya que en esta estación se pasaba la aduana y se hacía el cambio de locomotora para acoplarle al convoy una portuguesa, de color naranja con rayas blancas, a veces dos, porque eran bastantes los vagones que tenían que arrastrar.
Aún hoy queda alguno de esos trenes, denominados “Surex”, creo que uno al día. Hace unos años tuve la oportunidad de viajar en uno de ellos desde Salamanca hasta Fuentes de Oñoro, e incluso me dio tiempo a entablar amistad con un italiano que viajaba de interrail. Me quedé dormido y amanecí al otro lado de la frontera, en la estación de Vilar Formoso.
También recuerdo aquellos veranos en los que jugábamos al escondite en los muelles de carga de la estación, e incluso entre los vagones de pasajeros estacionados en vías muertas o incluso abandonados. Aquello era un paraíso para unos niños como nosotros, que además éramos amigos del hijo del Jefe de Estación. Horas muertas me he pasado desde el murete de la panadería de mis tíos viendo hacer maniobras a las máquinas, viendo llegar el Ter de Madrid, más tarde el ferrobús que iba y venía desde Valladolid, luego el “camello”...y luego nada, ya no se podía viajar a Madrid desde allí.
Actualmente apenas hay circulación de pasajeros por esta estación. Aparte del mencionado “Surex”, creo que ya no hay más trenes que no sean de mercancías. Y la verdad es que da pena, porque a mí, que he conocido esta línea en pleno apogeo, se me cae el alma a los pies cuando visito estaciones de pueblos tan importantes como Ciudad Rodrigo y veo que en lugar de vestíbulo hay una guardería, o que la mayoría de las estaciones de esta línea, sino todas, están abandonadas y se han convertido en meros apeaderos para ese tren solitario (y nocturno además) que apenas deja viajeros por donde pasa.
Yo también, como los trenes de viajeros, he dejado de ir por esa zona. Pero cada vez que voy me gusta bajar al andén y visitar todos esos sitios que espontáneamente se desperezan de su letargo en la memoria y van fluyendo ante mis húmedos ojos, como ahora mientras escribo estas líneas.
Por Pepe Rodríguez
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En la Estación de Chamartín
7 de diciembre de 2005La importancia que han tenido para mí las estaciones de tren, viene desde mis tiempos de niño. Quizás el haber vivido junto a la estación de Chamartín desde que nací hasta que me independicé tiene algo que ver.
La estación de Chamartín provoca en mí importantes recuerdos. Los primeros recuerdos que tengo de la misma, son de cuando era bastante niño y antes de que se hiciera la reforma de la estación tal y como la conocemos ahora. Recuerdo una edificación pequeña, muy sucia, desangelada y gris. En medio de descampados, que hoy por hoy siguen tal cual como terrenos de RENFE. Raro que no haya actuado ya la especulación urbanística en esos terrenos. Además, Chamartín, debía ser destino de los trenes que, procedentes de Algeciras, descargaban a los marroquíes que venían en ellos en dicha estación, supongo que para no mezclarlos con el resto de ciudadanos. Ya se empezaba en esa época a tratar de distinguir a los inmigrantes del resto de personas, aunque no se consideraba a España un país xenófobo, seguro que porque ni se conocía la existencia de esa palabra. Pero luego era muy llamativo y muy exótico para los ojos de un niño cuando veías cantidades ingentes de marroquíes, moros como los llamábamos sin ningún tipo de interés en ofender, caminando hacia Plaza Castilla a coger el resto de comunicación con la ciudad que ya les había puesto una barrera en Atocha. Me llamaba mucho la atención como vestían. A diferencia de cómo van ahora, con las mismas prendas que nosotros, la gran mayoría, por no decir todos, iban vestidos con las chilabas típicas de los árabes. Eso era muy llamativo. Tan llamativo que mi hermano y yo teníamos chilabas iguales, que alguien nos regaló, con las que nos disfrazábamos.
Luego, al igual que crecía yo, creció la estación. Entonces, en pocos años, la estación se transformó de arriba a abajo pasando a ser un elemento de gran seriedad y punto de referencia. Recuerdo como si la estación hubiera cambiado en muy poco tiempo cuando una infraestructura de semejante envergadura indicaría unas obras de muy largo plazo. Y una vez que la estación creció, entonces se convirtió en mi entretenimiento de muchos sábados por la tarde. De repente me encontraba en un monstruo inmenso, con cien mil pasillos que recorrer, infinidad de galerías que explorar, numerosas escaleras mecánicas y lo que era lo más novedoso y mágico, puertas que se abrían solas al pisar una plataforma. Increíble.
Me iba con un compañero del colegio y nos recorríamos la estación por todos sus rincones. Nos llamaba mucho la atención los paneles informativos de las salidas y llegadas de los trenes. Como cambiaban en una sucesión de letras girando de forma interminable cada vez que había un cambio. Demasiado espectáculo para un niño. También las aventuras consistían en ir por los andenes poniendo monedas de peseta en los raíles para que quedaran aplastadas al paso del tren. Entonces no había vigilantes que nos echaran la bronca, ni cámaras persiguiéndote allá por donde fueras, quizás algún empleado te llamaba la atención, que como chaval, te ibas disimuladamente hasta que desapareciera.
Siempre que venía algún familiar en tren, como nos “pillaba” cerca de casa, me apuntaba el primero para ir a buscarlo a la estación. Qué gozada, que ambiente. Ahí llegaba el TER procedente de Pamplona y era todo un lujazo. Siempre pensaba que era un tren de ricos. Un nivelazo de tren. Todo nuevo y moderno para esa época.
Uno de los sitios que más nos gustaba era el antiguo vestíbulo de Cercanías. Era un inmenso vestíbulo, siempre vacío, por el que podíamos campar a nuestras anchas. Ahí había infinidad de escaleras mecánicas para subir y bajar. Tenía su misterio, un espacio enorme para nosotros solos. La verdad que era demasiado grande para el uso que se daba. Después, ese vestíbulo, de la noche a la mañana, desapareció. Yo pensé que se debía a las obras del Metro cuando se hizo la línea que llegaba a Chamartín, y que ese vestíbulo había pasado a ser el vestíbulo del Metro, pero hace poco tiempo, me enteré por un amigo que ese vestíbulo se había ocultado por su poco uso, pero que seguía existiendo en las profundas intimidades de la estación. Recientemente, en una remodelación se ha redescubierto dicho vestíbulo, haciendo como si me volviera a reencontrar con un viejo amigo al saber que sigue existiendo.
Otra de las atracciones que tenía la estación, eran las zonas comerciales y las terrazas superiores. También con sus innumerables escaleras mecánicas. Accedías a lo que yo creo que fue el primer centro comercial en España. Muchas tiendas, cafeterías, quioscos, etc, aunque a mí lo que más me atraían eran las tiendas de golosinas. Que con cuatro duros, porque no había más, comprabas lo que te diera de sí. Pues lo mismo que con el vestíbulo de Cercanías, pasaba con las terrazas . Eran tan inmensas y también para nosotros solos que volvíamos a sentirnos los reyes de la estación . Eran un auténtico laberinto, desmesurado en tamaño para la gente que solía estar por la zona. También en las terrazas se podía ver uno de los misterios más importantes para un chaval preadolescente, la discoteca Macumba. Una discoteca, en la vida había entrado en ninguna, y esa oscuridad que se veía a través de la puerta y un montón de gente mayor entrando, hacía que el misterio y la curiosidad fuera mayor.
También tengo un gran recuerdo, aunque ya era más mayorcito, allá por la primavera del año 85, cuando hicieron la presentación de los coches 10000. Yo no sabía que ese día había esa presentación. Y un día de depresión amorosa, en esa edad ya se sabe, me fui a pasear por la estación y me encontré toda la presentación de los nuevos coches. Era un gustazo entrar en los coches, el olor a nuevo, las novedades y mucha tranquilidad, no había mucha gente. Otra cosa que volvía a ser toda para mí. Me senté en un compartimento de primera, cuando había primera no preferente y ahí me pasé toda la tarde llorando mis penas, oyendo por el hilo musical el último disco de Aute, que lo estrenaron a la vez que estos coches. Y ahí estuve hasta que una azafata, me vino y me dijo, “Ya está bien” me despertó del letargo en el que estuve disfrutando un buen rato y continué la visita.
Por último, cuando en los años noventa hice un interrail, gran aventura ya de cara al exterior, la finalización del viaje después de un mes recorriendo toda Europa fue impresionante la vuelta a casa entrando en Chamartín. Después de las aventuras que suponía un interrail, te hacía valorar mucho mejor la estación. Pudimos comprobar que la estación le daba cien mil vueltas a cualquier estación europea. Más moderna, más limpia, más práctica. Y además llegabas a casa.
Por tanto, lo que ha supuesto la estación de Chamartín para mí, mis recuerdos, mis aventuras, mis correrías y mis trastadas me van a dejar siempre un grato recuerdo. Esa línea setentera con esos aluminios y esas novedades que ahora, mirando para atrás, se ve de dudosa elegancia, pero entonces eran todo un avance. Siempre me quedará esa estación y ese recuerdo.
Por Fernando Solabre
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A la caza de la estación
31 de octubre de 2005
Sé lo que es "perseguir" estaciones. A diferencia de lo que es perseguir trenes, muy habitual entre los aficionados al mundo ferroviario, entre los que me incluyo, es que te apostas en un sitio y es simplemente esperar a que pase el tren y verlo, fotografiarlo y disfrutar del mismo. Sólo basta que el sitio sea más o menos estratégico. Sin embargo las estaciones no pasan, hay que ir a buscarlas. La extensión geográfica por donde están dispersas, es inmensa y en ocasiones, están tan perdidas, que el tiempo que se tarda en llegar a una es incalculable. Muchas de ellas están muy alejadas del núcleo de población al que pertenecen e incluso están más cerca de otra población que de la que lleva su nombre. Y otras no tienen forma material de llegar a ellas si no es jugándote la vida al no existir ni siquiera un camino.
Cuando he salido a "cazar" estaciones, sabes que te tienes que preparar para hacer casi un maratón. Hay que prepararse para hacer muchos kilómetros que en la mayoría de los casos hay que seguir rutas que se salen de todo lo convencional aunque la carretera principal en teoría sigue la ruta de la línea. Nada más lejos de la realidad, a menudo vas a varios kilómetros de la carretera principal. Hay que armarse de intuición, porque, como decía antes, muchas veces la estación está muy alejada de la población a la que pertenece y tienes que pensar "¿en qué dirección está?"
Hay pueblos a los que llegas y cuando preguntas por la estación, cerrada hace ya bastantes años, te miran con cara de compasión, te advierten que ya no paran trenes o que ni pasan por allí. Y en algunos casos, como me pasó en Quintanar de la Orden en Ciudad Real, te dicen que la estación la derribaron, que en la actualidad hay una estación de autobuses que sustituyó a otra estación de autobuses anterior. ¡Y sigue saliendo en los mapas!
El tiempo corre mucho más rápido de lo que piensas entre estación y estación y al final tienes que hacer el camino de vuelta sin haber hecho todos los objetivos que tenías. Piensas, "Bueno una más, total son 20 kilómetros". ¡Ya! 20 kilómetros de ida, más los que hagas hasta llegar realmente a la estación y luego la vuelta.
Pero eso sí, al final llegas a casa con tus más preciados trofeos, las fotos que has hecho a las estaciones desde todos sus ángulos. Todos los detalles de las mismas, las organizas y ¡Hala! a subirlas para que se puedan ver aquí.
Por eso sé, que todos los que me estáis pasando fotos para colaborar con esta página, sobre todo los que pasan series completas de una provincia o de una zona, el esfuerzo que se realiza es bastante apreciable. Muchas horas de camino y agotadoras jornadas persiguiendo esas estaciones que en muchos casos no se dejan ver y hay que azuzarlas para que salgan.
Muchas gracias a todos.
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Inserción en La Estación de Tren
A partir de ahora, integro el blog en la página
La Estacion de Tren de cara a que la antigua sección, llamada "Experiencias" pueda tener comentarios de los lectores.
Aquí incluiré las anteriores inserciones que había entonces.
Espero que os guste y participéis.
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Bienvenidos al blog
Si has llegado a este nuevo blog, antes de nada, bienvenido.
Aunque llevo un tiempo manteniendo una web dedicada a estaciones de tren en
http://www.laestaciondetren.net llevaba tiempo intentando iniciar un hilo más o menos estable donde pueda hablar de varias de mis africiones.
Esas aficiones, son de los más variadas aunque en el fondo tienen un nexo de unión ya que ligo todas ellas de alguna forma dentro del poco tiempo que puedo disponer.
Todos esos hilos irán relacionados con, por supuesto, los trenes, la Historia, la fotografía, la política y otras ideas personales que en un momento dado surjan.
Más adelante enlazaré el blog a la página matriz que es la que he comentado más arriba y que estas corrientes de opinión vayan ligadas a una idea que es el poder expresar libremente lo que de repente fluya a través de los pensamientos.
Bienvenidos todos, incluso yo y participar de esta nuevo hito en el mundo de las comunicaciones.
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