17 diciembre, 2006

Carta abierta a un grafitero

Grafitero, ver los comentarios que pusiste en un post anterior de este blog, me ha hecho reflexionar sobre tu forma de pensar y sobre por qué dices lo que dices ahí. Es posible que esto ya no lo leas ya que al firmar como anónimo, probablemente entraste por casualidad. Aunque utilizaré el gancho de las tags para atraerte, ya que es como ponerle miel a las moscas, que acaban cayendo. Y ojo que no te estoy llamando mosca.

Lo primero que pensé al leer tus comentarios que pusiste en el post, fue borrarlo directamente al entender que actuabas como troll. Pero posteriormente y tras analizar tus palabras, que mira que me costó entenderte, no debemos hablar el mismo idioma, preferí mantenerlo, es más, hasta me molesté en traducirlo para todos los que no hablamos como tú. Prefería que se viera como pensabas porque es la mejor forma de mostrar al mundo la gran cantidad de argumentos que diste para defender tus tesis. Supongo que habrás convencido a gran cantidad de personas con esos argumentos para adherirse a tu “movimiento” (lo llamo movimiento haciendo símil a la palabra que se usó durante muchos años para describir una corriente que prefiero no recordar).

Tampoco he decidido borrar tus comentarios, porque ante las amenazas que profieres, es bueno conservarlo como prueba junto a tu IP ya que a la policía puede parecerle interesante localizarte. Igual no sabes lo que la IP, pero la policía sí.

Pues entrando a analizar tus comentarios, me gustaría decirte lo siguiente:

Al ver la forma tan extraña que tienes de escribir, mi percepción sobre tu nivel intelectual me sube bastante porque, a parte de que demuestra que debes ser bueno para los idiomas, pienso que debe suponer un esfuerzo extraordinario escribir de la forma más contraria a tu idioma natural. Eso sí, te queda muy “cool”, supongo que así te haces más simbiótico con tus colegas. No dejes de hablar así porque podrían darte de lado. Por cierto, si no sabes lo que es ser cool, es como ser “guay” pero más, aunque igual este lenguaje es muy “light” para alguien que profiere amenazas, aunque eso sí, de forma anónima. Y si no sabes lo que es simbiosis, búscalo en la enciclopedia de tu casa, ahí te lo explica. Bueno, si no has quemado ya la enciclopedia en un arrebato “artístico” o la has vendido para comprar sprays. También respecto al idioma que usas, siento no traducirte este post al tuyo porque lo ignoro. ¿Ves? Yo también tengo carencias.

Me parece perfecto que adores pintar. Es una buena idea, la verdad que está bien. Además dices que te encanta hacerlo sobre todo lo que se mueva sobre raíles. Hombre, ahí te pareces a Miguel Ángel. A él le daba por hacerlo sobre paredes y techos. Fíjate que cosas. Ah, ¿Qué no sabes quién es el tal Miguel Ángel? No, no es un colega mío, ni siquiera mi primo. Pero te diré que le daba por hacer algo parecido a ti, también le daba por llamarlo arte. Búscalo en el tomo de la M de esa enciclopedia que a lo mejor te queda algún tomo de los que usas para calzar la mesa.

Pones a lo que es grafitear como alterativa a las drogas. ¿De verdad que crees que no hay más alternativas a la droga? La verdad que estás un poco mal. Aquí no te recomiendo la enciclopedia que a estas alturas ya habrás tirado por la ventana lo que te quedaba de ella. Aquí te recomiendo la Guía del Ocio que te vienen un montón de cosas que puedes hacer sin drogarte y sin destrozar lo que es de todos. Me contestarás que lo que te recomienda la Guía del Ocio es caro, pero, de verdad, echa cuentas, entre los sprays que usas, las pastillas y las copas, te da para hacer mucho. A lo mejor te puedes tunear tu coche poniendo ahí todos los grafitis. Te ahorrarías una pasta.

Respecto a lo que piensas sobre mis hijos, si los tengo o no y lo que harían ellos. Pues te digo lo mismo que antes, hay muchas alternativas a las drogas. Es una educación de padres a hijos y de sociedad a personas. Es posible que tú seas de origen marginal y tus únicas alternativas en la vida sean o drogas o grafitis. La verdad que es una lástima, la sociedad lucha por dar más alternativas a los jóvenes y aunque cuesta esfuerzo hacérselo entender, esas alternativas existen y ahí están, disponibles para todos. Es posible que tu padre, si le conociste, no tuviera muchas alternativas para ti, pero existen ONG’s donde ayudan a gente de procedencia como la tuya y que te pueden sacar de ese estrecho margen de alternativas que según tú existen.

Piensas que no pasa nada por parar un tren y grafitearlo. Que la gente se queja por nada ya que sólo les retienes quince minutos. Aquí ya te has retratado totalmente. Al más estilo fascista, piensas que tienes poder para retener a la gente el tiempo que tú quieras. Eso sí que es lamentable. ¿Qué pensarías tú si alguien te retiene quince minutos por el simple hecho de que quiere pasarlo bien a tu costa? Las detenciones ilegales acabaron hace muchos años. Y las personas que las realizaban tenían una descripción muy clara. Eso de retener a la gente también lo hacía gente como Pinochet, que igual te suena porque está de moda.

Artista, te llamas artista. Podías llamar arte a un autobús ardiendo, el color del fuego es bonito. También puedes llamar arte a miccionar sobre tu boca, puede ser bonito. ¿No sabes lo que es miccionar? Búscalo también en la enciclopedia, si has podido encontrar a Miguel Ángel, también tendrás esto ya que seguro que coinciden en tomo. En fin, el arte es muy relativo y lo que tú llamas arte yo lo considero vandalismo. No lo considero arte porque lo que tú destrozas, la reparación sale de mi bolsillo y también del tuyo, aunque creas que no. Si piensas que no sale de tu bolsillo, es porque eres un parásito de la sociedad y no puedes destrozar lo que no es tuyo. El coste de tus destrozos hace que se pueda destinar menos fondos para distintos destinos de los que seguro que tú participas y exiges que funcionen. Como ese hospital, al que a lo mejor tienes que asistir el día que te abran la cabeza con una porra en esa guerra imaginaria en la que tú y tus colegas estáis metidos. Creo que no tienes muy claro lo que es una guerra. Búscalo en el tomo de la G, aunque ese tomo igual ya no te queda. Si no lo tienes mira el telediario y te darás cuenta qué es una guerra de verdad y por lo que deberías preocuparte, entonces te darías cuenta de lo que es una guerra y te dejarías de tonterías.

Te veo muy valiente hablando de tus amigos cuando os enfrentáis a otros. Pero siempre hablas en plural, nunca en singular. Debe ser que tu valentía es sólo válida cuando vas en grupo, habría que verte a solas, sufrirías un ataque agudo de encopresis (esto último, en el tomo de la E).

En fin, espero que te sirva para que reflexiones sobre lo que estás haciendo. No obstante, el tiempo te quitará esa extraña afición a destrozar las cosas de los demás. Te darás cuenta cuando alguien te destroce la puerta de tu casa diciendo que está haciendo arte y tú te pilles un cabreo monumental. Crecerás y esta tontería se te pasará, pero habrás causado más daño a la sociedad en términos económicos que lo que tú le vas a aportar en toda tu vida y tu arte por supuesto no quedará y el de el Miguel Ángel de antes sí.

Me gustaría que pusieses comentarios defendiendo lo que piensas. Pero por favor, pon argumentos, no pongas insultos ni amenazas porque así igual ni te entiendo.

Etiquetas: , , , ,

20 noviembre, 2006

¿La seguridad? Seguridad ferroviaria

Hace unos días, planteaba dudas sobre la seguridad en este escrito. Temía que las nuevas medidas de seguridad tomadas en los aeropuertos, lejos de hacernos sentir más seguros, encubrían una parte de negocio además de trasladar la posible inseguridad a otras zonas más endebles y a la vez menos espectaculares a la opinión pública.

Sin embargo, cada vez veo más ineficaces determinadas medidas de seguridad que en teoría se encuentran presentes en esas otras áreas, como decía más débiles.

Y el motivo es el siguiente. Como sabrán la mayoría de los lectores, para poder tomar fotografías en las estaciones y ciertas dependencias ferroviarias, es necesario tener un permiso especial emitido por ADIF y por RENFE conjuntamente. Por tanto, la mayoría de los aficionados al mundo del ferrocarril que nos gusta estar en las estaciones observando trenes y fotografiándolos de cara a mantener, por lo menos en imagen fotográfica el patrimonio nacional ferroviario, ya que los propios dueños no ponen demasiado empeño en ello, poseemos dicho permiso emitido tras dar todos nuestros datos a dichas compañías.

Se puede estar a favor o en contra de dicho permiso, ya que para llevar a cabo una actividad artística como es la fotografía, donde no se daña a nadie ni a nada, puede ser algo chocante, que una empresa semi pública te otorgue un derecho que ya te da la Constitución. Pero bueno, se puede entender como un pacto entre aficionados y compañías ferroviarias en la que podríamos estar todos de acuerdo pudiendo ser los aficionados observadores de cualquier incidencia que surja en los espacios ferroviarios que al ser tan grandes son inabarcables por las compañías, por lo que se podría aumentar la seguridad.

Sin embargo, ese permiso en muchas ocasiones, es papel mojado. Me explico. El modo de utilizar ese permiso es, ante todo con corrección y cortesía. Sin entorpecer al personal que está trabajando, sin molestar a los viajeros objetivo de la empresa– y sin poner en riesgo en ningún caso ni a las personas ni a las cosas. Es decir, tratar de ser lo más transparente posible para no molestar a nadie. Estas pautas que siguen la mayoría de los aficionados, entendiendo que la afición que llevan a cabo debería mejorar, si está en su mano la función ferroviaria. Pero en muchas ocasiones la realidad es otra.

Los supuestos encargados de mantener esa seguridad de las compañías, a menudo desconocen la existencia de ese permiso y por tanto la posibilidad de fotografiar libremente en esos espacios ferroviarios. O también puede suceder que ciertas atribuciones que se les dan o llevar una pistola en el cinturón, les hace crecerse ante ciudadanos libres ejerciendo una actividad amparada en la Constitución como he dicho anteriormente. Estos encargados son los vigilantes jurados. Por supuesto que no quiero extender a toda la profesión mis quejas al respecto, pero sí son bastante representativas las actuaciones que llevan a cabo estos individuos amparados en una ley de seguridad donde se atribuyen funciones que no son suyas y en la más que intimidatoria posesión de un arma.

En cuanto te ven en un andén tranquilamente viendo pasar trenes o tomando fotos de los mismos, en seguida se te echan encima de ti como si estuvieras realizando una actividad altamente peligrosa. Hasta ahí, no hay problema, me parece bien que estén atentos a cualquier cosa que suceda en sus dependencias. Te piden el permiso, contrastan tu documentación con el mismo y en teoría, sin problemas. Pero el problema viene cuando se extralimitan de sus funciones. No siempre viene hacia ti a pedirte el permiso. Hay veces que desde un extremo de un andén te gritan o te llaman tocando un silbato como debe llamar a su perro, con la diferencia de que yo, no soy su perro. Por supuesto que si gritan “¡Eh, tú!” se pueden referir a todos lo “Tú” que se encuentran en la estación, porque si yo no estoy haciendo nada ilegal, no tengo por qué sentirme aludido. Y bueno, ya lo del silbato, sin comentarios.

Pero es que muchas veces, cuando les presentas el permiso expedido por las empresas que les contratan a ellos, en muchas ocasiones, desconocen la existencia de dicho permiso y por su desconocimiento, te aluden a que no vale para nada. O te pueden decir que ese permiso no tiene ninguna validez por lo que te impiden hacer fotos. También puede suceder que se tomen nota de tus datos que aparecen en el permiso, cosa que ellos no pueden hacer en ningún caso. Posteriormente, no se sabe para que utilizan esos datos, pero en más de una ocasión han llegado a compañeros aficionados, denuncias falsas sobre actos prohibidos cometidos en los recintos ferroviarios. Debe ser que para colgarse medallas estos valerosos vigilantes de la “ley y el orden” deben fingir arriesgadas misiones en la detención de sospechosos cuando los datos se han dado voluntariamente ya que no se ha cometido ninguna falta.

¿Pero dónde están estos valerosos agentes de seguridad que tanto velan por el bienestar de la sociedad cuando se cometen actos delictivos de verdad? Porque no entiendo como pueden ir unidades totalmente grafiteadas con origen en sus depósitos o en plena marcha, previa parada forzosa de la unidad. ¿Ahí no hay vigilantes? ¿No se vigilan los depósitos? ¿Son invisibles los grafiteros cuando los ciudadanos de a pie no lo conseguimos y estamos siempre bajo sospecha? ¿No será que cuando hay una pandilla de delincuentes grafiteros, los valerosos vigilantes –que ya no lo son tanto– prefieren mirar a otro lado porque no se atreven a enfrentarse a ellos? ¿Sabe un vigilante de estos que comento lo que vale reparar una unidad grafiteada? Es más, dudo que sepan de leyes porque no las saben aplicar.

Podemos seguir hablando de otros delitos que suceden en recintos ferroviarios como atracos, vandalismo, destrozo de mobiliario, destrozo de unidades únicas e históricas ferroviarias y un sin fin de delitos que nunca cuentan con la presencia de los “valerosos” vigilantes con pistola en el cinto. Sinceramente, viendo el estado de algunas estaciones, no me siento más seguro cerca de un vigilante porque son figuras decorativas, armadas pero decorativas.

Pero el que dude de lo que estoy diciendo, lo puede poner en práctica cuando quiera sacando una cámara en un andén y ejerciendo el noble arte de la fotografía, después que nos comente qué pasa. Eso sí, si eres grafitero, es posible que posen contigo en las fotos que luego cuelgan en Internet los vándalos con sus hazañas. Y recordar que no sólo en el ámbito ferroviario suceden estos desmanes de los vigilantes, invito a leer esta columna de Arturo Pérez Reverte contando una experiencia similar pero en otro escenario.

Desde aquí, quiero hacer una llamada de atención a las compañías ferroviarias para que vigilen a las empresas que contratan como elementos de seguridad ya que se están extralimitando en sus funciones y haciendo la vista gorda a hechos delictivos, ya que si no es inexplicable la existencia de tantas unidades hasta arriba de grafitos. Y recordar también que impedir hacer un derecho constitucional puede tener consecuencias graves a quien trata de impedirlo. Se debería entender que los aficionados al ferrocarril son amantes del ferrocarril y como tales, lo que van a tratar es de preservarlo, no de perjudicarlo. Y que más vale tener de su lado a los aficionados que a delincuentes como los grafiteros.

Que nos hagan sentir realmente más seguros a los usuarios de los medios ferroviarios y no con falsas imágenes que por haber un individuo armado pensemos que estamos más seguros.

Etiquetas: , , , , , , , , , ,

blogs