¿La seguridad? Seguridad ferroviaria
Hace unos días, planteaba dudas sobre la seguridad en este escrito. Temía que las nuevas medidas de seguridad tomadas en los aeropuertos, lejos de hacernos sentir más seguros, encubrían una parte de negocio además de trasladar la posible inseguridad a otras zonas más endebles y a la vez menos espectaculares a la opinión pública.
Sin embargo, cada vez veo más ineficaces determinadas medidas de seguridad que en teoría se encuentran presentes en esas otras áreas, como decía más débiles.
Y el motivo es el siguiente. Como sabrán la mayoría de los lectores, para poder tomar fotografías en las estaciones y ciertas dependencias ferroviarias, es necesario tener un permiso especial emitido por ADIF y por RENFE conjuntamente. Por tanto, la mayoría de los aficionados al mundo del ferrocarril que nos gusta estar en las estaciones observando trenes y fotografiándolos de cara a mantener, por lo menos en imagen fotográfica el patrimonio nacional ferroviario, ya que los propios dueños no ponen demasiado empeño en ello, poseemos dicho permiso emitido tras dar todos nuestros datos a dichas compañías.
Se puede estar a favor o en contra de dicho permiso, ya que para llevar a cabo una actividad artística como es la fotografía, donde no se daña a nadie ni a nada, puede ser algo chocante, que una empresa semi pública te otorgue un derecho que ya te da la Constitución. Pero bueno, se puede entender como un pacto entre aficionados y compañías ferroviarias en la que podríamos estar todos de acuerdo pudiendo ser los aficionados observadores de cualquier incidencia que surja en los espacios ferroviarios que al ser tan grandes son inabarcables por las compañías, por lo que se podría aumentar la seguridad.
Sin embargo, ese permiso en muchas ocasiones, es papel mojado. Me explico. El modo de utilizar ese permiso es, ante todo con corrección y cortesía. Sin entorpecer al personal que está trabajando, sin molestar a los viajeros –objetivo de la empresa– y sin poner en riesgo en ningún caso ni a las personas ni a las cosas. Es decir, tratar de ser lo más transparente posible para no molestar a nadie. Estas pautas que siguen la mayoría de los aficionados, entendiendo que la afición que llevan a cabo debería mejorar, si está en su mano la función ferroviaria. Pero en muchas ocasiones la realidad es otra.
Los supuestos encargados de mantener esa seguridad de las compañías, a menudo desconocen la existencia de ese permiso y por tanto la posibilidad de fotografiar libremente en esos espacios ferroviarios. O también puede suceder que ciertas atribuciones que se les dan o llevar una pistola en el cinturón, les hace crecerse ante ciudadanos libres ejerciendo una actividad amparada en la Constitución como he dicho anteriormente. Estos encargados son los vigilantes jurados. Por supuesto que no quiero extender a toda la profesión mis quejas al respecto, pero sí son bastante representativas las actuaciones que llevan a cabo estos individuos amparados en una ley de seguridad donde se atribuyen funciones que no son suyas y en la más que intimidatoria posesión de un arma.
En cuanto te ven en un andén tranquilamente viendo pasar trenes o tomando fotos de los mismos, en seguida se te echan encima de ti como si estuvieras realizando una actividad altamente peligrosa. Hasta ahí, no hay problema, me parece bien que estén atentos a cualquier cosa que suceda en sus dependencias. Te piden el permiso, contrastan tu documentación con el mismo y en teoría, sin problemas. Pero el problema viene cuando se extralimitan de sus funciones. No siempre viene hacia ti a pedirte el permiso. Hay veces que desde un extremo de un andén te gritan o te llaman tocando un silbato como debe llamar a su perro, con la diferencia de que yo, no soy su perro. Por supuesto que si gritan “¡Eh, tú!” se pueden referir a todos lo “Tú” que se encuentran en la estación, porque si yo no estoy haciendo nada ilegal, no tengo por qué sentirme aludido. Y bueno, ya lo del silbato, sin comentarios.
Pero es que muchas veces, cuando les presentas el permiso expedido por las empresas que les contratan a ellos, en muchas ocasiones, desconocen la existencia de dicho permiso y por su desconocimiento, te aluden a que no vale para nada. O te pueden decir que ese permiso no tiene
ninguna validez por lo que te impiden hacer fotos. También puede suceder que se tomen nota de tus datos que aparecen en el permiso, cosa que ellos no pueden hacer en ningún caso. Posteriormente, no se sabe para que utilizan esos datos, pero en más de una ocasión han llegado a compañeros aficionados, denuncias falsas sobre actos prohibidos cometidos en los recintos ferroviarios. Debe ser que para colgarse medallas estos valerosos vigilantes de la “ley y el orden” deben fingir arriesgadas misiones en la detención de sospechosos cuando los datos se han dado voluntariamente ya que no se ha cometido ninguna falta.
¿Pero dónde están estos valerosos agentes de seguridad que tanto velan por el bienestar de la sociedad cuando se cometen actos delictivos de verdad? Porque no entiendo como pueden ir unidades totalmente grafiteadas con origen en sus depósitos o en plena marcha, previa parada forzosa de la unidad. ¿Ahí no hay vigilantes? ¿No se vigilan los depósitos? ¿Son invisibles los grafiteros cuando los ciudadanos de a pie no lo conseguimos y estamos siempre bajo sospecha? ¿No será que cuando hay una pandilla de delincuentes grafiteros, los valerosos vigilantes –que ya no lo son tanto– prefieren mirar a otro lado porque no se atreven a enfrentarse a ellos? ¿Sabe un vigilante de estos que comento lo que vale reparar una unidad grafiteada? Es más, dudo que sepan de leyes porque no las saben aplicar.
Podemos seguir hablando de otros delitos que suceden en recintos ferroviarios como atracos, vandalismo, destrozo de mobiliario, destrozo de unidades únicas e históricas ferroviarias y un sin fin de delitos que nunca cuentan con la presencia de los “valerosos” vigilantes con pistola en el cinto. Sinceramente, viendo el estado de algunas estaciones, no me siento más seguro cerca de un vigilante porque son figuras decorativas, armadas pero decorativas.
Pero el que dude de lo que estoy diciendo, lo puede poner en práctica cuando quiera sacando una cámara en un andén y ejerciendo el noble arte de la fotografía, después que nos comente qué pasa. Eso sí, si eres grafitero, es posible que posen contigo en las fotos que luego cuelgan en Internet los vándalos con sus hazañas. Y recordar que no sólo en el ámbito ferroviario suceden estos desmanes de los vigilantes, invito a leer esta columna de Arturo Pérez Reverte contando una experiencia similar pero en otro escenario.
Desde aquí, quiero hacer una llamada de atención a las compañías ferroviarias para que vigilen a las empresas que contratan como elementos de seguridad ya que se están extralimitando en sus funciones y haciendo la vista gorda a hechos delictivos, ya que si no es inexplicable la existencia de tantas unidades hasta arriba de grafitos. Y recordar también que impedir hacer un derecho constitucional puede tener consecuencias graves a quien trata de impedirlo. Se debería entender que los aficionados al ferrocarril son amantes del ferrocarril y como tales, lo que van a tratar es de preservarlo, no de perjudicarlo. Y que más vale tener de su lado a los aficionados que a delincuentes como los grafiteros.
Que nos hagan sentir realmente más seguros a los usuarios de los medios ferroviarios y no con falsas imágenes que por haber un individuo armado pensemos que estamos más seguros.
Sin embargo, cada vez veo más ineficaces determinadas medidas de seguridad que en teoría se encuentran presentes en esas otras áreas, como decía más débiles.
Y el motivo es el siguiente. Como sabrán la mayoría de los lectores, para poder tomar fotografías en las estaciones y ciertas dependencias ferroviarias, es necesario tener un permiso especial emitido por ADIF y por RENFE conjuntamente. Por tanto, la mayoría de los aficionados al mundo del ferrocarril que nos gusta estar en las estaciones observando trenes y fotografiándolos de cara a mantener, por lo menos en imagen fotográfica el patrimonio nacional ferroviario, ya que los propios dueños no ponen demasiado empeño en ello, poseemos dicho permiso emitido tras dar todos nuestros datos a dichas compañías.
Se puede estar a favor o en contra de dicho permiso, ya que para llevar a cabo una actividad artística como es la fotografía, donde no se daña a nadie ni a nada, puede ser algo chocante, que una empresa semi pública te otorgue un derecho que ya te da la Constitución. Pero bueno, se puede entender como un pacto entre aficionados y compañías ferroviarias en la que podríamos estar todos de acuerdo pudiendo ser los aficionados observadores de cualquier incidencia que surja en los espacios ferroviarios que al ser tan grandes son inabarcables por las compañías, por lo que se podría aumentar la seguridad.

Sin embargo, ese permiso en muchas ocasiones, es papel mojado. Me explico. El modo de utilizar ese permiso es, ante todo con corrección y cortesía. Sin entorpecer al personal que está trabajando, sin molestar a los viajeros –objetivo de la empresa– y sin poner en riesgo en ningún caso ni a las personas ni a las cosas. Es decir, tratar de ser lo más transparente posible para no molestar a nadie. Estas pautas que siguen la mayoría de los aficionados, entendiendo que la afición que llevan a cabo debería mejorar, si está en su mano la función ferroviaria. Pero en muchas ocasiones la realidad es otra.
Los supuestos encargados de mantener esa seguridad de las compañías, a menudo desconocen la existencia de ese permiso y por tanto la posibilidad de fotografiar libremente en esos espacios ferroviarios. O también puede suceder que ciertas atribuciones que se les dan o llevar una pistola en el cinturón, les hace crecerse ante ciudadanos libres ejerciendo una actividad amparada en la Constitución como he dicho anteriormente. Estos encargados son los vigilantes jurados. Por supuesto que no quiero extender a toda la profesión mis quejas al respecto, pero sí son bastante representativas las actuaciones que llevan a cabo estos individuos amparados en una ley de seguridad donde se atribuyen funciones que no son suyas y en la más que intimidatoria posesión de un arma.
En cuanto te ven en un andén tranquilamente viendo pasar trenes o tomando fotos de los mismos, en seguida se te echan encima de ti como si estuvieras realizando una actividad altamente peligrosa. Hasta ahí, no hay problema, me parece bien que estén atentos a cualquier cosa que suceda en sus dependencias. Te piden el permiso, contrastan tu documentación con el mismo y en teoría, sin problemas. Pero el problema viene cuando se extralimitan de sus funciones. No siempre viene hacia ti a pedirte el permiso. Hay veces que desde un extremo de un andén te gritan o te llaman tocando un silbato como debe llamar a su perro, con la diferencia de que yo, no soy su perro. Por supuesto que si gritan “¡Eh, tú!” se pueden referir a todos lo “Tú” que se encuentran en la estación, porque si yo no estoy haciendo nada ilegal, no tengo por qué sentirme aludido. Y bueno, ya lo del silbato, sin comentarios.
Pero es que muchas veces, cuando les presentas el permiso expedido por las empresas que les contratan a ellos, en muchas ocasiones, desconocen la existencia de dicho permiso y por su desconocimiento, te aluden a que no vale para nada. O te pueden decir que ese permiso no tiene
ninguna validez por lo que te impiden hacer fotos. También puede suceder que se tomen nota de tus datos que aparecen en el permiso, cosa que ellos no pueden hacer en ningún caso. Posteriormente, no se sabe para que utilizan esos datos, pero en más de una ocasión han llegado a compañeros aficionados, denuncias falsas sobre actos prohibidos cometidos en los recintos ferroviarios. Debe ser que para colgarse medallas estos valerosos vigilantes de la “ley y el orden” deben fingir arriesgadas misiones en la detención de sospechosos cuando los datos se han dado voluntariamente ya que no se ha cometido ninguna falta.¿Pero dónde están estos valerosos agentes de seguridad que tanto velan por el bienestar de la sociedad cuando se cometen actos delictivos de verdad? Porque no entiendo como pueden ir unidades totalmente grafiteadas con origen en sus depósitos o en plena marcha, previa parada forzosa de la unidad. ¿Ahí no hay vigilantes? ¿No se vigilan los depósitos? ¿Son invisibles los grafiteros cuando los ciudadanos de a pie no lo conseguimos y estamos siempre bajo sospecha? ¿No será que cuando hay una pandilla de delincuentes grafiteros, los valerosos vigilantes –que ya no lo son tanto– prefieren mirar a otro lado porque no se atreven a enfrentarse a ellos? ¿Sabe un vigilante de estos que comento lo que vale reparar una unidad grafiteada? Es más, dudo que sepan de leyes porque no las saben aplicar.
Podemos seguir hablando de otros delitos que suceden en recintos ferroviarios como atracos, vandalismo, destrozo de mobiliario, destrozo de unidades únicas e históricas ferroviarias y un sin fin de delitos que nunca cuentan con la presencia de los “valerosos” vigilantes con pistola en el cinto. Sinceramente, viendo el estado de algunas estaciones, no me siento más seguro cerca de un vigilante porque son figuras decorativas, armadas pero decorativas.
Pero el que dude de lo que estoy diciendo, lo puede poner en práctica cuando quiera sacando una cámara en un andén y ejerciendo el noble arte de la fotografía, después que nos comente qué pasa. Eso sí, si eres grafitero, es posible que posen contigo en las fotos que luego cuelgan en Internet los vándalos con sus hazañas. Y recordar que no sólo en el ámbito ferroviario suceden estos desmanes de los vigilantes, invito a leer esta columna de Arturo Pérez Reverte contando una experiencia similar pero en otro escenario.
Desde aquí, quiero hacer una llamada de atención a las compañías ferroviarias para que vigilen a las empresas que contratan como elementos de seguridad ya que se están extralimitando en sus funciones y haciendo la vista gorda a hechos delictivos, ya que si no es inexplicable la existencia de tantas unidades hasta arriba de grafitos. Y recordar también que impedir hacer un derecho constitucional puede tener consecuencias graves a quien trata de impedirlo. Se debería entender que los aficionados al ferrocarril son amantes del ferrocarril y como tales, lo que van a tratar es de preservarlo, no de perjudicarlo. Y que más vale tener de su lado a los aficionados que a delincuentes como los grafiteros.
Que nos hagan sentir realmente más seguros a los usuarios de los medios ferroviarios y no con falsas imágenes que por haber un individuo armado pensemos que estamos más seguros.
Etiquetas: cercanias, estacion de tren, estaciones, ferrocarril, fotografia, grafiteros, renfe, seguridad, trenes, vandalismo, vigilantes jurados



