Barcelona Estación de França

Provincia: Barcelona
Código: 79400
Línea: Cercanías, Larga Distancia, Media Distancia
Compañía: Adif
Año: 1929 (1992)
Estado: Abierta

Grandiosa estación fiel reflejo de las centrales europeas en uno de los momentos dorados del modernismo catalán. Hoy por hoy reducida a un tráfico mínimo con más capacidades de alojamiento de exposiciones y eventos.

 

Datos Técnicos

Dirección: Avda. Marquès de l'Argentera, s/n, 08003 Barcelona
Horario: 06:00 a 24:00
Teléfono de información: 902240202

Coordenadas GPS
UTM:
31T x=432039 y=4581925
 
SERVICIOS
 
LÍNEAS

Parking:

Taxis:

Metro: Líneas 4 (Barceloneta)

Autobuses:

14, 39, 51

Carritos portaequipajes, Parking, Cafetería, Restaurante, Teléfono, Atención al cliente, Venta de Billetes, Librería

CERCANÍAS:

C-10

MEDIA DISTANCIA :
Ca-1 (Barcelona-Tortosa) Ca-3 (Barcelona-Ribaroja), Ca-4a (Barcelona-Lleida), Ca-6 R-42 (Barcelona-Zaragoza)

LARGA DISTANCIA :
ALVIA Barcelona-Madrid, ARCO (Barcelona-Murcia)

Barcelona históricamente, ha sido la ciudad española con más nivel de industrialización a lo que hay que añadir que fue la ciudad pionera en el ferrocarril al partir de ella, el primer ferrocarril que funcionó en España, en la línea Barcelona Mataró inaugurada en 1848. A pesar de esto no tuvo instalaciones adecuadas para la envergadura que tenía la ciudad apropiadas como se daban al uso en las grandes ciudades. Barcelona se encontraba en los años veinte del siglo XX, muy lejos de ser una ciudad con instalaciones ferroviarias que se ajustaran a su categoría.

Barcelona Estación de França

La compañía MZA (Madrid-Zaragoza-Alicante) se encontraba con el problema de heredar unas instalaciones ferroviarias obsoletas e inadecuadas para una ciudad como Barcelona y con las dificultades de emplazar una gran estación en una ciudad con una planificación urbana desarrollada y unas limitaciones geográficas importantes al ser una ciudad rodeada por el mar. El edificio de la estación Término o Francia de Barcelona se proyectó en 1900 y no se desarrolló hasta 1929.

La estación debía ajustarse a los terrenos ocupados por la antigua estación de Francia, de ahí su nombre como se la conoce comúnmente,  de la Compañía de Tarragona a Barcelona y Francia (TBF) de la que se hizo cargo MZA en 1898, que a su vez los habían heredado de otras compañías menores. La compañía TBF, tuvo que integrarse por suspensión de pagos en la compañía MZA.

En los orígenes de la estación, para situarla, hubo que hacer importantes modificaciones urbanísticas, entre ellas, la que suponía atravesar la muralla que entonces rodeaba Barcelona. Optimizar las distintas estaciones que había en Barcelona inconexas y que afectaban gravemente a los imparables desarrollos urbanísticos de la ciudad. Junto a los terrenos que iba a ocupar la estación de Francia se hallaba la estación que cubría la legendaria línea de Barcelona a Mataró, por lo que para no cruzarse con sus vías, necesitaba adoptar la curvatura de la estructura característica de esta estación.

Se hace cargo del diseño de la estación el ingeniero ferroviario Eduardo Maristany, marqués de la Argentera. Proyecta una estación en U con doble nave, contemplando la importante curvatura que sufre la estación. El diseño de la estación contempla 12 vías de andén y dos de escape. Los pabellones laterales estarán formados, en un lado el viejo edificio reformado y en el otro un o nuevo destinado al servicio de los viajeros. Ambos edificios se unirían en el frontal, dando a la calle Aduana por un gran vestíbulo de 72,80 metros de largo por 17 de ancho conteniendo la entrada principal. Posee un patio de llegadas con acceso a carga y descarga de mercancías y unas dependencias de correos.  La parte destinada a las máquinas, se encontraba en el otro extremo donde existía un puente giratorio, cocheras, muelles de carbón, deBarcelona Estación de Françapósitos de agua y otras dependencias.

Nos encontrábamos ante unas obras de gran envergadura donde había que derribar prácticamente todas las antiguas instalaciones sin que la estación dejara de prestar servicio.

En un principio, la estación iba a contar con tres naves, aunque esta idea se descartó debido a su elevado coste, la rapidez que se necesitaba para llevar a cabo la construcción y los apoyos en los andenes que se iban a necesitar, por lo que finalmente se descartó esa idea dejándolo sólo en dos naves como la conocemos ahora.

En 1924 se publicó un concurso donde se recogían todas las características mínimas que debía recoger la futura estación. Tales características eran como, el número de naves, las estructuras de soporte o cerchas, los anchos de los andenes, las cubiertas, etc. Entre las empresas que presentaron el proyecto, se adjudicó a dos sociedades llamadas que se presentaban conjuntamente que eran Maquinista Terrestre y Marítima y Material para Ferrocarriles y construcciones. No obstante, MZA hizo variar sensiblemente el proyecto que había sido adjudicado.

Por otro lado, el edificio de viajeros llevaba otro concurso particular. Este concurso fue adjudicado al arquitecto Pedro Muguruza, autor entre otras obras de la estación del Norte en Madrid (Príncipe Pío), reformas del Teatro Real y el Museo del Prado y construcción del Palacio de la Prensa en la madrileña Gran Vía. El proyecto de Muguruza ofrecía un edificio monumental y clásico con gran sobriedad pero con ornamentos exigidos por MZA para darle más grandiosidad.

Barcelona Estación de França

El grueso de las obras comienza en 1926, adaptándose a la estación que continuaba el servicio. También hubo complicaciones al tener que compaginar las obras con el paso del Rec Comtal, canal de abastecimiento de agua a la ciudad de origen romano, que transitaba por donde debía ir el edificio de viajeros, lo que obligó a desviarlo.

Poco a poco, el edificio de viajeros va consiguiendo una gran monumentalidad. Excesiva para el uso que se daba en las estaciones a dichas dependencias, al contrario de lo que pasaba en otras grandes centrales europeas. Se utilizan mármoles y materiales nobles de gran riqueza lo que supone un gran orgullo para MZA. Tal es el punto de detalle, que los capiteles de los pilares del vestíbulo son de bronce, así como las rejas de las taquillas.

Las puertas de entrada desde la calle son de hierro fundido con mucha decoración  y con cristales. El pavimento es de mármol y las vigas del techo son decoradas con pinturas de gran estilo.

 

Ya corría el año 1928 y debido a la proximidad de la Exposición Universal de 1929, la mano de obra era escasa y a precios muy elevados, lo que encareció enormemente los costes de las obras, además de retrasar el proyecto a pesar de la urgencia que había por la inauguración. Para hacerse a la idea de los costes de la mano de obra, el jornal ordinario de un yesero era inferior a 20 pesetas y en esos momentos se estaba pagando a 50 pesetas. También los materiales sufrieron subidas de precios importantes. Se pidieron créditos especiales para acelerar al menos una parte de las obras y poder abrir parcialmente la estación de cara a la inauguración de la Exposición Universal, ya que la estación sería la puerta de entrada de todos los extranjeros que asistieran a la misma.

Barcelona en esos momentos estaba pasando a una modernización excepcional dentro de las corrientes más vanguardistas en lo que arquitectura y otras disciplinas respecta. Cataluña era un centro de modernismo racionalista observado a nivel internacional. En este punto contrastaba una estación tan clásica pero que se contrarrestó por su monumentalidad estando a la altura de las grandes estaciones europeas y americanas de principios del siglo XX.Barcelona Estación de França

 

Finalmente la estación se inauguró el 2 de junio de 1929 por el rey Alfonso XIII, dos semanas después de la inauguración de la Exposición Universal. Pero supo estar a la altura del evento siendo una estación con gran capacidad y con grandes avances técnicos como el enclavamiento eléctrico, las toperas hidráulicas o los corredores subterráneos para el tránsito de las mercancías.

Pero como gran parte de los avatares de la historia del siglo XX en España, la estación, al ser un objetivo estratégico, fue seriamente dañada durante la guerra civil. El edificio de viajeros fue seriamente dañado además de otras dependencias de importancia. Hubo reconstrucciones parciales, pero la estación ya no estaba a la altura del objetivo inicial. Ya no fue nunca más lo que era.

No obstante, el tráfico sí siguió y además incrementándose  en todos los años posteriores en una estación ya lejos del lujo inicial con el que se concibió. Fue otro gran evento de impacto internacional el que hizo que volviera a recuperar su esplendor ornamental. Los Juegos Olímpicos de Barcelona 92 fueron la excusa para que desde 1988 hasta 1992 se restaurara la estación sobre todo las partes que con el paso del tiempo estaban muy deterioradas. De hecho, la restauración estuvo tan cuidada, que mereció el premio Brunel 92 de Arquitectura Ferroviaria.

Posteriormente, con la flamante estación en marcha y con una gran capacidad operativa, tenía el principal problema de las grandes estaciones de Barcelona Estación de França

principio del siglo XX enclavadas en grandes ciudades. Ese problema es el que va adherido a su nombre. El ser terminales. Antiguamente las grandes estaciones se concebían como la unión entre dos puntos, con un principio y un final de línea. La apertura a otras grandes ciudades que en su día no lo eran o la posibilidad de hacer conexiones internacionales por la menor duración de los trayectos, condenaba a estas estaciones a unas limitaciones que las hacían prácticamente inútiles. Así, poco a poco la estación fue derivando el tráfico de los grandes trayectos a la vecina estación de Sants, mucho más moderna y concebida para paliar esa necesidad de conexiones. Dejando el tráfico reducido a los regionales de Renfe. Por tanto, queda una estación con una gran capacidad de tráfico pero reducida a algo más que mínimos por la problemática descrita con unas pocas circulaciones diarias.

No obstante, la estación recuperó temporalmente su esplendo al acoger parcialmente el tráfico de Sants cuando ésta última fue remodelada entre 2005 y 2007. De todas formas, esperemos que esta remodelación no sea su puntilla.

Finalmente, la estación en su estado actual y debido al poco tráfico que soporta, se utiliza para exposiciones, donde se cubren parcialmente las vías y distintas actividades lúdicas. Es sede de distintas asociaciones y entidades relacionadas con el mundo del ferrocarril, así como de la Universidad Pompeu Fabra.

Sobre la ciudad de Barcelona

Los primeros testimonios de población humana en el territorio que hoy en día configura la ciudad de Barcelona se remontan a unos 4000 años atrás, a fines del neolítico (2000 a 1500 a.C.). De los siglos VII a VI a.C. existen relatos que citan la existencia de poblados de las tribus layetanas (iberos). En esta época también parece haber habido una colonia griega (Kallipolis), aunque los historiadores no se ponen de acuerdo en cuanto a su emplazamiento exacto. Durante la segunda guerra púnica fue ocupada momentáneamente por los cartagineses, aunque pronto se asentaron los romanos.

Estrictamente hablando, la ciudad de Barcelona fue fundada por los romanos a fines del siglo I a.C., sobre un asentamiento ibérico anterior (Barke-no), la Iulia Augusta Paterna Faventia Barcino, establecida alrededor del mons Taber, en la actual plaza Sant Jaume, que desde entonces y hasta nuestros días ha sido siempre el centro político de la ciudad. En el siglo II fue amurallada y tuvo una época de gran prosperidad, si bien la capital de la provincia romana y principal ciudad fue Tarraco, la actual Tarragona.

En el año 415 Barcelona fue conquistada por Ataulfo estableciendo en ella la capital del reino visigodo, que pronto fue trasladada a Toledo. La leyenda dice que los visigodos denominaron Gothland (Tierra de Dios) al actual territorio catalán, que luego las corrientes románticas del siglo XIX entroncaron con la leyenda del santo Grial y precisamente, en recuerdo a estos hechos, Comas Solà denominó Gothlandia a uno de los asteroides descubiertos por él.

En 717-718 Barcelona fue conquistada por el visir al-Hurr dando origen a un período de casi un siglo de dominación musulmana, que concluyó en el año 801 al ser tomada la ciudad por Ludovico Pío al mando de un ejército franco a las órdenes de Carlomagno, que la estableció como gran plaza fuerte del flanco sur del imperio carolingio, la Marca Hispánica (frontera de Hispania), dentro de la Gotia (comprendía territorios del actual Languedoc -la Septimania- es decir, la antigua Galia visigoda y del norte de Cataluña hasta la desembocadura del río Llobregat) nombrando condes para gobernarla.

En el concilio de Troyes (878) el rey franco Luís el Tartamudo invistió al hijo del marqués de la Gotia, Guifré I el Pelós (conocido también como Jofre y Wifredo) conde de Barcelona, Girona y Besalú, iniciándose la dinastía condal de Barcelona, al principio dependiente de los reyes francos. La incursión musulmana de al-Manzur (985) con la destrucción y ocupación momentánea de Barcelona en tiempos del conde Borrell II, significó la independencia de facto de los francos, al no haber prestado éstos la ayuda militar necesaria, quebrantándose los vínculos de vasallaje. Así, en marzo del año 988 Borrell II consumó la independencia al intitularse duque ibérico y marqués por la gracia de Dios. La recuperación de Barcelona fue muy rápida y en el año 1010 devolvió el golpe recibido atacando y saqueando Córdoba, la mayor ciudad de la España musulmana, obteniendo un cuantioso botín. En los dos siglos siguientes, los distintos condados catalanes independientes se fueron uniendo bajo la capitalidad de Barcelona, con una política de alianzas y enlaces matrimoniales que incluyeron gran parte del sur de Francia (desde el Bearn hasta la Provenza), al tiempo que extendieron los territorios a costa de los musulmanes. A partir de este momento es casi imposible desligar la historia de Barcelona de la de Cataluña, pues ambas han sido una sola hasta nuestros días.

En 1137 el conde Ramon Berenguer IV se casaba con la hija del rey de Aragón que quería protejer su reino de las apetencias castellanas, confederándose ambos territorios con un sólo jefe de estado, en el que sus sucesores tendrían al mismo tiempo el título de rey de Aragón (dominador de Aragón) y el conde de Barcelona, con capitalidad habitual en esta ciudad y denominación de Corona de Aragón. En Cataluña los poderes del conde-rey eran los propios de una monarquía parlamentaria y el gobierno correspondía a la Diputació del General o Generalitat (a partir de 1289), en tanto que el municipal de la ciudad de Barcelona lo ejercía el Consell de Cent. A lo largo del siglo XII Barcelona se enriqueció gracias al debilitamiento de los reinos taifas musulmanes, que debían pagar tributos, y a una creciente flota naval para el comercio. La derrota en la batalla de Muret (1213) terminó con el proyecto de crear un gran estado transpirenaico que abarcara la Occitania.  Esto hizo reorientar la política expansiva de la ciudad hacia el sur y el este, que se prolongó a lo largo de los siglos XIII al XV convirtiendo a Barcelona en la primera potencia marítima del Mediterráneo, tras las conquistas de las Baleares (1228), los reinos de Valencia (1232) y Sicilia (1282), los ducados de Atenas y Neopatria (1311), la isla de Cerdeña (1323) y el reino de Nápoles (1421), así como el establecimiento de consulados comerciales en las principales ciudades marítimas de Europa, norte de Africa y Asia Menor.

Este período floreciente acabó con una gran decadencia, debido a graves crisis demográficas (hambrunas y sucesivas epidemias causadas por la Peste Negra), que dejaron diezmada la población. Posteriormente fueron las guerras civiles, el establecimiento de la corte en Nápoles, la guerra de los remences (revolución agraria) y, para rematarlo, la caída de Constantinopla a manos del imperio otomano, que cerró toda posibilidad de comerciar con oriente desde el Mediterráneo, volviéndose un mar inseguro por la piratería sarracena. El descubrimiento de América (1492) en nada ayudó a la recuperación, pues la unión dinástica de Castilla y Aragón (1497) con los Reyes Católicos no significó la unión de sus reinos, por lo que hasta 1778 (casi tres siglos después de su descubrimiento) no se permitió a los puertos de los estados de la Corona de Aragón comerciar con las colonias americanas, pues eran posesiones de la Corona de Castilla.

La decadencia, con breves períodos de cierta recuperación de Barcelona, se prolongó hasta entrado el siglo XVIII. En medio, tuvo que sufrir la guerra dels segadors (1640-1652) en un primer intento de Castilla de someter a Cataluña, en que Barcelona fue finalmente tomada, pero logrando conservar su autonomía, aunque  representó el desmembramiento de Cataluña pasando la parte norte a dominio francés que perdura hasta nuestros días. La guerra de Sucesión (1705-1714) terminó con la conquista de Barcelona por las tropas castellano-francesas, con la pérdida de las libertades y la autonomía política, el cierre de la universidad, el sometimiento a las leyes de Castilla y la prohibición del uso del idioma catalán en la enseñanza y los documentos públicos. También el reino de Mallorca pasó a depender directamente de Madrid y se perdieron Menorca y las posesiones italianas (Sicilia, Cerdeña y Nápoles).

A partir de 1725 Barcelona empezó a recuperarse y de los 37.000 habitantes tras la conquista española de 1714, en 1791 ya contaba con 125.000. Con el aumento demográfico, floreció el comercio y la industria (en 1805 la industria textil de la ciudad contaba con 10.000 trabajadores), empezándose a conformar la ciudad moderna: construcción de la Barceloneta, urbanización de las Ramblas, creación de las academias de las Buenas Letras y la de Ciencias y Artes, construcción de los palacios de la Virreina y Moja, restablecimiento de la Universidad, etc.

La pérdida de las colonias americanas sumió momentáneamente a la ciudad en una nueva crisis, con el cierre de unos mercados con los que comerciar. Con la división provincial de 1832 Barcelona se convirtió en capital de provincia. En 1836 fue proclamada la libertad de industria y se sentaron las bases de la revolución industrial. De 115.000 habitantes en 1802 pasó a 250.000 en 1877, desarrollándose la industria algodonera, lanera y la metalurgia, multiplicándose las entidades de crédito. Sin embargo, el siglo XIX no fue en absoluto un período plácido, produciéndose numerosas revueltas y alzamientos: el bombardeo de Barcelona por el general Espartero (1842), primera huelga general (1854), la insurrección de obreros y progresistas, la represión de O'Donnell (1856) que causó 500 muertos entre la población, el estado de sitio en 1868, la huelga general y enfrentamiento con el ejército en 1874 tras el golpe de estado del general Pavía, etc. También hay que destacar el inicio de los grandes movimientos inmigratorios, primero procedentes del Languedoc (sur de Francia). En este siglo dos hechos principales marcaron el futuro de la ciudad. En 1854 se autorizó el derribo de las murallas que impedían su desarrollo urbanístico y en 1859 se aprobó el plan del Eixample de Idelfons Cerdá (la característica cuadricula urbana de Barcelona). La Exposición Universal de 1888, representó el espaldarazo con la equiparación a los países europeos desarrollados y una nueva oleada inmigratoria, esta vez procedente de España.

La industria y el comercio conformó una importante burguesía, en tanto que los movimientos sociales y migratorios, dieron entrada a todas las corrientes ideológica del exterior que fue origen del movimiento denominado Renaixença (Renacimiento) en todos los órdenes: literario, pictórico, arquitectónico, científico, político, etc., con constantes choques con sucesivos los gobiernos conservadores de Madrid, encerrados en si mismos, añorantes del pasado tras la pérdida de las últimas colonias. Las protestas por el envío de tropas a Marruecos desencadenó la revolución de la Semana Trágica de Barcelona (1906). La represión militar llevó al triunfo electoral del catalanismo y en 1914 se constituía la Mancomunitat de Catalunya, con lo que Barcelona recuperaba la capitalidad del Principado de Catalunya. El estallido de la primera Guerra Mundial y el aprovisionamiento a las potencias beligerantes enriqueció más a la burguesía, pero el fin de la contienda originó una profunda crisis económica. En 1920 los enfrentamientos sociales llegaron a un punto álgido, con la aparición del pistolerismo ("guerra sucia" entre la patronal y los anarquistas). En 1923 el capitán general Primo de Rivera daba un golpe de estado y se erigía en dictador. A pesar de la nueva represión, fue un período próspero, que culminó con la Exposición Internacional de Barcelona de 1929 y una gran oleada inmigratoria procedente del sur de España. La caída de la dictadura dio como resultado un aplastante triunfo electoral de Esquerra Republicana y la proclamación en Barcelona del Estado Catalán dentro de la República Federal Española. Para frenarlo, el gobierno de Madrid se vio obligado a restablecer la Generalitat (el órgano secular de gobierno disuelto en 1714) y la promulgación del Estatuto de Autonomía de 1932.

La rebelión militar de 1936 y la siguiente guerra civil trajo consigo una de las épocas más lúgubres de la ciudad, que sufrió grandes bombardeos por mar y aire, miles de muertos y decenas de miles de personas tuvieron que exiliarse en el extranjero. La dictadura franquista, que se prolongó durante casi 40 años significó la liquidación de todos los logros, tanto en el aspecto cultural como el político. De nuevo fue abolido el autogobierno y el uso de la lengua propia, que tan gran desarrollo había alcanzado en el medio siglo anterior, fue prohibido y perseguido. Económicamente, tuvo que transcurrir toda una generación antes de recuperarse el mismo nivel de vida existente antes de la guerra. Sin embargo, a principios de los años 60 se inició un espectacular desarrollo económico, que junto con una nueva oleada inmigratoria creó grandes déficits estructurales. En 1957 en Barcelona ya faltaban 62.000 viviendas. La permisividad para subsanarlo, llevó consigo el urbanismo salvaje, donde aún hoy en día ciertos barrios son como ghetos para los inmigrantes. Esto también provocó grandes carencias en la red vial debido al crecimiento expansivo del parque de vehículos. La gran corriente inmigratoria se detuvo con motivo de la crisis mundial de 1973, aunque a lo largo de los años 90 se inició otra, esta vez procedente del continente africano.

Con la muerte del dictador, el general Franco, se restableció la democracia y la Generalitat, recuperando Barcelona la capitalidad de Cataluña. Esta época representó un gran crecimiento en infraestructuras, que culminó con los Juegos Olímpicos de Barcelona de 1992. La gran promoción con este evento trajo consigo el que hoy sea una de las primeras ciudades europeas como destino turístico, lo que ayuda no sólo su gran riqueza arquitectónica (una de las ciudades más bellas y variadas del continente) y el gran número de actos culturales y sociales de todo tipo que se celebran, sino también su entorno, situada en medio de zonas turísticas costeras (con más de 20 millones de visitantes al año) y con un creciente turismo interior de montaña (Pirineos). Sin embargo, la especulación y la falta de suelo urbano, el consiguiente encarecimiento de la vivienda y el traslado de las industrias a las poblaciones cercanas, ha llevado a la paradoja de que, pese a la gran pujanza actual (una de las ciudades más dinámicas de la Unión Europea), la población no cese de disminuir (1.750.000 en 1970 frente a 1.640.000 en 1991 y 1.510.000 en 1996), afincándose en las ciudades vecinas (cinturón metropolitano), donde no sólo la vivienda es más barata, sino que ofrecen mejores condiciones medioambientales. El cinturón de poblaciones en un radio de 20 km alrededor de Barcelona agrupa más habitantes que la propia capital.

El haber sido a lo largo de la historia un lugar de paso y mestizaje entre pueblos de culturas muy diversas, su caracter de ciudad abierta a todas las ideas y corrientes innovadoras, así como también muy tolerante, junto al típico espíritu emprendedor catalán, le ha conferido un sello especial que la distingue de otras muchas ciudades.

Fuentes:

"Estaciones de Ferrocarril" de Gonzalo Garcival, "MZA, Historia de sus estaciones" de Mercedes López García, Astrogea, los amigos de Tranvia , wikipedia y Propias

Actualización:

Enero 20087