ESTACIONES DE LA PROVINCIA DE MADRID
[< Previous] [Next >]
de 31
266_6648.JPG
266_6652.JPG
266_6650.JPG
266_6649.JPG
266_6651.JPG
TRA04209.jpg
TRA01079.JPG
TRA02088.JPG
TRA02086.JPG
TRA02087.JPG
158-5862_IMG.JPG
158-5863_IMG.JPG
158-5864_IMG.JPG
125_2594.JPG
125_2595.JPG
[< Previous] [Next >]
de 31

DATOS SOBRE MADRID

Madrid, capital de España y la más importante en cuestión de población y tamaño. Con más de tres millones de habitantes y por su céntrica situación, Madrid es una ciudad con importantes estructuras en nudos de comunicación. Uno de los más importantes es el ferroviario, ya que se da servicio a todos los puntos de España.

Existen restos arqueológicos que prueban la existencia de asentamientos humanos en las terrazas del río Manzanares en el lugar que hoy ocupa la ciudad. Sin embargo, la primera constancia de la existencia de un asentamiento estable data de la época musulmana. En la segunda mitad del siglo IX, el emir de Córdoba Muhammad I (852-886) construye una fortaleza en un promontorio junto al río (en el lugar que hoy ocupa el Palacio Real) con el propósito de vigilar los pasos de la sierra de Guadarrama y ser punto de partida de razzias contra los reinos cristianos del norte. Junto a la fortaleza se desarrolla al este un pequeño arrabal. Esta población recibe el nombre de Magerit (corrupción castellana del nombre árabe Mayrit ).

Con la caída del reino taifa de Toledo en manos de Alfonso VI de Castilla, la ciudad pasa a manos cristianas en 1085. La ciudad va prosperando y recibe el título de villa en 1123. Los soberanos de la casa de Trastamara residen con frecuencia en la villa debido a la abundancia y calidad de sus cotos de caza, a la que son muy aficionados. A la llegada a Castilla del rey Carlos I en 1520, Madrid se une a las Comunidades de Castilla en contra del rey. Tras la derrota de los comuneros en Villalar, Madrid es asediada y ocupada por las tropas reales. A pesar de todo ello, el sucesor de Carlos I, Felipe II decide instalar la corte en Madrid en 1561. Este hecho sería decisivo para la evolución de la ciudad y haría que los avatares del país y la monarquía, en mayor o menor medida, influyeran en el de la ciudad. Salvo un periodo testimonial entre 1601 y 1606 en que la corte se traslada a Valladolid, la capitalidad será consustancial a Madrid durante el resto de su historia y hasta nuestros días.

Con el establecimiento de la corte en Madrid, su población empieza a crecer de forma significativa. A la burocracia real, los miembros de la corte y todas las personas necesarias para su sustento, se unen desheredados y buscavidas de todo el imperio. En 1625, Felipe IV derriba la muralla de la ciudad, ya sobrepasada y edifica la que será la última cerca de Madrid. Esta cerca constreñirá el crecimiento de la ciudad hasta el siglo XIX. Las tareas de gobierno se centralizan en el Alcázar Real, conjunto de edificaciones situados en los terrenos que hoy ocupa el Palacio Real y la Plaza de Oriente. Paralelamente, se construye un palacio en el otro extremo de la ciudad, más allá de la cerca. Se trata del Palacio del Buen Retiro.

El cambio de dinastía traerá beneficiosas consecuencias a la ciudad. Ésta había devenido en una población oscura, de calles angostas, masificada, sin sistemas de alcantarillado y definitivamente pestilente. Los Borbones se plantean la necesidad de equiparar Madrid con otras capitales europeas. El incendio del Alcázar Real en 1734 (suceso desgraciado que causa la desaparición de una tercera parte de la colección real de pinturas) es la excusa para construir un palacio real al estilo francés, el Palacio Real. Las obras durarían hasta 1755 y no sería ocupado hasta el reinado de Carlos III. Es probablemente este rey el que más hizo para adecentar y embellecer la ciudad. Puentes, hospitales, parques, fuentes, edificios para el uso científico, ordenanzas de alcantarillado... son responsabilidad de este rey, que cuenta con un puñado de arquitectos y urbanistas excepcionales: Francesco Sabatini, Ventura Rodríguez, Juan de Villanueva, por citar algunos. El proyecto del Salón del Prado, en las afueras de la ciudad, entre el conjunto del Buen Retiro y la cerca, es probablemente el más importante y el que ha dejado una herencia más importante a la ciudad: los paseos del Prado y Recoletos, las fuentes de Neptuno, Cibeles y Apolo, el Real Jardín Botánico, el Observatorio Astronómico, el Gabinete de Historia Natural (hoy Museo del Prado)...

El siglo XIX entra en Madrid con sucesos sangrientos. El levantamiento del pueblo de Madrid en contra de las tropas francesas el 2 de mayo de 1808 marca el principio de la guerra de la Independencia. A pesar del efecto más que beneficioso de su reinado para Madrid (el mote de rey plazuelas por su órdenes de derribar conventos e iglesias para hacer plazas y esponjar la ciudad), José Bonaparte nunca consigue el aprecio de los madrileños y por tres veces tiene que huir de Madrid, siendo la última de ellas la definitiva. La liberación de la ciudad se salda con la destrucción de valiosos recintos, como el Palacio del Buen Retiro.

Durante el siglo XIX, la población de la ciudad sigue creciendo. En 1860 se derriba por fin la cerca de Felipe IV y la ciudad puede crecer, en principio de una forma ordenada, gracias al plan Castro y la realización de los ensanches. A pesar de ello, a principios del siglo XX, Madrid conservaba todavía más trazos propios de una antigua villa que de una ciudad moderna. En los primeros 30 años del siglo XX, la población madrileña llega casi al millón de habitantes.

Las necesidades infraestructurales que dicho crecimiento trajo consigo fomentaron la absorción, siguiendo las vías de comunicación radiales, de núcleos de población, hasta entonces separados de Madrid: hacia el suroeste los Carabancheles (Alto y Bajo); hacia el norte, Chamartín de la Rosa , por la carretera de Valencia, Vallecas; por la carretera de Aragón, Vicálvaro y Canillejas y por la carretera de Burgos, Fuencarral. Nuevos arrabales como las Ventas , Tetuán o el Carmen daban acogida al recién llegado proletariado, mientras en los ensanches se instalaba la burguesía madrileña. Estas transformaciones fomentaron la idea de la Ciudad Lineal , de Arturo Soria. Paralelamente se abrió la Gran Vía , con el fin de descongestionar el casco antiguo y se inauguró el metro en 1919.

El año 1931 ve la llegada de la Segunda República Española que se proclama en la Casa de Correos de la Puerta del Sol ante una multitud enfervorizada. En 1936 estalla la guerra civil. La sublevación en Madrid fracasa y la ciudad queda en el bando de la República. Sin embargo, las tropas sublevadas avanzan fácilmente por Andalucía, Extremadura y Toledo, plantándose en noviembre de 1936 a las puertas de Madrid. La resistencia de las milicias, pronto militarizadas en forma de Ejército Popular y dirigidas por la Junta de Defensa de Madrid, consigue frenar la ofensiva en el mismo límite de la ciudad. La zona noroeste (el barrio de Argüelles y la Ciudad Universitaria ), que formaron el frente, quedan gravemente dañadas. Estos episodios se conocen como batalla de Madrid. Afortunadamente, la ciudad no volverá a sufrir un intento directo de tomarla durante el resto de la guerra.

Terminada la guerra, la ciudad sigue su imparable crecimiento espacial. Cientos de miles de españoles emigran del campo a la ciudad. Madrid (junto con Barcelona o Bilbao) es una de las ciudades que más se benefician de estos movimientos de población. Durante los años 1940, Madrid fue anexionándose hasta catorce municipios limítrofes ( Aravaca , Barajas , Canillas , Canillejas , Chamartín de la Rosa , Fuencarral, Hortaleza , El Pardo , Vallecas , Vicálvaro , Villaverde , Carabanchel Alto y Carabanchel Bajo ), pasando su extensión de 66 km² a los 607 km² actuales. El Plan de Ordenación del Área Metropolitana, aprobado en 1963, inició la tendencia a desviar la concentración poblacional de Madrid hacia municipios metropolitanos como, Alcorcón, Alcobendas, Coslada, Fuenlabrada, Getafe, Leganés, Móstoles, San Sebastián de los Reyes y San Fernando de Henares. En 1973 se inaugura la M-30 , el primer cinturón de circunvalación de la ciudad.

Tras la muerte de Franco y la instauración un régimen democrático, la constitución de 1978 confirma a Madrid como capital de España. En 1979, las primeras elecciones municipales de la democracia traen a Madrid el primer alcalde elegido democráticamente desde la II República, José Luis Álvarez de UCD. Posteriormente, los siguientes alcaldes democráticos pertenecerán a los partidos de izquierda (Enrique Tierno Galván, Juan Barranco), virando después la ciudad a posiciones más conservadoras (Agustín Rodríguez Sahagún, José María Álvarez del Manzano y Alberto Ruiz Gallardón). La elección democrática de alcaldes trae definitivamente grandes beneficios a la ciudad, al verse obligados los alcaldes a mejorar la calidad de vida de los ciudadanos, ante los que responden (los alcaldes franquistas eran elegidos directamente por Franco): construcción de bibliotecas, instalaciones deportivas, centros de salud; eliminación de los núcleos chabolistas; mejora del viario; cierre de la M-30 ; limpieza del río Manzanares...

En el siglo XXI, la ciudad sigue abordando nuevos retos: mantenimiento de la población dentro del núcleo urbano (Madrid es el municipio de España en el que el aumento del precio de la vivienda ha sido mayor); expansión de la ciudad (con la creación de nuevos barrios como el Ensanche de Vallecas, Ensanche de Carabanchel, Montecarmelo, Arroyo del Fresno, Las Tablas, Sanchinarro, Valdebebas...); absorción e integración de la inmigración que acude a la ciudad.

Fuentes:

"Estaciones de Ferrocarril" de Gonzalo Garcival, "El ferrocarril directo de Burgos y sus accesos a Madrid" de Juan Pedro Esteve García y Alberto Cillero Hernández, Renfe y Propias

Actualización:

Diciembre 2005